una revancha que puede servir como trampolín o dejar fuertes secuelas


Se terminan las palabras. Esa previa cargada de incertidumbre por la formación de los equipos y de chicanas por un arbitraje poco convincente, muy a pesar de la presencia del VAR, también cuestionado y a bordo de sospechas. Llegó el momento de que la pelota empiece a rodar rumbo a las semifinales de la Copa Libertadores, ahí mismo, donde ya se garantizó su lugar River –una vez más- ante Palmeiras. Espera Santos, ese que alguna vez engalanó Pelé, con sus propias fortalezas. Boca y Racing, los que quieren ese último cupo, tienen mucho en juego este miércoles, desde las 21.30, en la Bombonera.

No sólo estará el honor por delante entre dos clubes que tienen una alta rivalidad. También, el principal objetivo deportivo de un año particular, cruzado por la pandemia. Y otro premio muy atractivo, que no es poca cosa en esta época de vacas flacas y es estrictamente económico. Se trata de un pase que tiene un valor de 2 millones de dólares.

Racing arranca con ventaja porque ganó el duelo en Avellaneda. Consiguió una diferencia mínima, es cierto, pero tuvo el plus de haber terminado con la valla invicta en su casa. Entonces, el escenario es muy favorable. Vencer la resistencia de Esteban Andrada a orillas del Riachuelo, aunque no sea en más de una oportunidad, significará que su rival azul y oro tendrá que multiplicar sus esfuerzos y hacer como mínimo tres goles para ganar la serie.

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Todo parece más claro en la Academia, que busca llegar a semis tras 23 años (la última vez fue en 1997 con Alfio Basile). Desde los nombres y el esquema. Tal vez por eso, y porque vivimos en el país de Discépolo al ritmo del que no llora no mama, Sebastián Beccacece habla más de los referís que de fútbol. Desde Boca venían quejándose porque Esteban Ostojich no expulsó a Lorenzo Melgarejo, luego autor del único gol del primer clásico. Mauro Vigliano justificó la falta del paraguayo sobre Nicolás Capaldo desde la cabina de videoarbitraje. Habló de “intensidad media”. Así y todo, la decisión fue polémica y sigue siendo discutida.

El técnico de 40 años tiene todo resuelto. Jugará con una línea de tres centrales que será de cinco defensores cuando se replieguen Fabricio Domínguez y Eugenio Mena; dos volante con mayor predisposición para la construcción del juego que para la recuperación (Leonel Miranda y Matías Rojas) y tres hombres en función ofensiva: Melgarejo y Héctor Fértoli estarán a espaldas de Lisandro López, la referencia del área. En el banco tiene a disposición a Walter Montoya y Nicolás Reniero como primeras variantes. Lucas Orban puede reforzar la zaga central cuando sea necesario. Y recuperó a Mauricio Martínez, quien regresó ante Estudiantes, ya recuperado de la operación en los meniscos de la rodilla derecha.

En el choque del Cilindro tuvo el control del juego, a excepción del último cuarto de hora del primer tiempo, cuando Boca contraatacó y generó tres situaciones de peligro, todas bien resueltas por Gabriel Arias, el héroe del Maracaná. Después ganó la posesión, aunque no tuvo tanta profundidad, y después del gol de Melgarejo defendió el resultado con la solidez de Leonardo Sigali y Nery Domínguez.

Boca aparece más difuso y con un entrenador que prefiere no revelar las cartas hasta último momento. El equipo tuvo desacoples, perdió dos partidos seguidos en la Libertadores (Inter y Racing) y terminó ganando el clásico ante Independiente, un triunfo energizante después de tantas críticas. Así y todo, a sus problemas futbolísticos se le había agregado una llamativa falta de actitud.

Melgarejo festeja su gol. Andrada, Capaldo e Izquierdoz se lamentan. (Foto: Marcelo Carroll)

Melgarejo festeja su gol. Andrada, Capaldo e Izquierdoz se lamentan. (Foto: Marcelo Carroll)

Sin embargo, algo parece haber cambiado a partir de la victoria en Bochini y Alsina. “Sabemos qué es Boca y es Libertadores. Respetamos a todo el mundo pero creemos en nosotros mismos. Creemos en la unidad del grupo y nos saca a flote en diferentes situaciones”, manifestó Miguel Ángel Russo.

El técnico quiere rescatar las virtudes y la esencia del equipo que ganó la Superliga en una arremetida espectacular que culminó en la última fecha, cuando Carlos Tevez hizo el gol del campeonato ante Gimnasia. Fue la misma noche en que River, la bestia negra de la gestión Daniel Angelici, no pudo superar a Atlético Tucumán en el norte del país.

Sólo hay una duda: ¿jugará Julio Buffarini o Leonardo Jara? En la mitad de la cancha ingresará Diego González, el Pulpo. Russo cree que podría darle mejor salida al equipo, justo en la posición que dejó vacante Pol Fernández, colgado porque no se puso de acuerdo con los dirigentes en cuanto a la renovación de su vínculo. De este modo, Jorman Campuzano quedaría más liberado.

Adelante, el técnico volverá a confiar en Franco Soldano, quien el domingo quebró la racha negra con su gol a Independiente. Saldría Edwin Cardona. La presencia del cordobés obedece a la buena dupla que armó con Tevez. Su desgaste favorece al ídolo nacido en Fuerte Apache.

Boca y Racing se juegan mucho. Y ninguno de los dos dejará ir su chance fácilmente, en una noche que inevitablemente será trampolín para uno y dejará importantes secuelas para el otro.

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Fuente: Clarin.com

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