Un futbolista fuera de tiempo: Ever Banega y el lento adiós del «Tiki-Tiki»


Cuando el árbitro holandés Danny Makkelie marcó el final del partido, Ever Banega, ese notable exponente del Tiki-Tiki, cayó vencido en el medio del campo de juego. Se tiró boca abajo en el césped para festejar el 3-2 ante Inter y un nuevo título con Sevilla. Otra Europa League.

El gesto se pareció mucho a un adiós reconfortante. El capitán Jesús Navas dibujó una diagonal de derecha al centro y aceleró en busca del volante surgido en Boca. Lo siguieron sus compañeros y uno a uno fueron apilándose sobre el rosarino de 32 años, que jugará las próximas tres temporadas en el Al Shabab de Arabia Saudita.

Ese otro multitudinario gesto se pareció demasiado a un «Gracias» eterno. Porque Banega regaló su última función con la camiseta «10» del equipo andaluz y fue factor determinante para que el elenco que comanda Julen Lopetegui consiga la sexta Europa League de su historia.

«Me toca marcharme del club de mi vida», dijo Banega, quien ganó esta competencia en 2015, 2016 y 2020. 

Jesus Navas y Ever Banega, con la copa.
Foto AP

Jesus Navas y Ever Banega, con la copa.
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El duelo en Argentina se presentaba como Lucas Ocampos versus Lautaro Martínez, dos de los mejores apariciones de la nueva generación que asoma en la Selección. Pero los flashes se posaron otra vez en Banega, uno de los últimos referentes de la vieja guardia, que encabezan Lionel Messi, Angel Di María, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y tantos otros.

Al ritmo de su habitual Tiki-Tiki, Ever manejó los hilos de un Sevilla que cada vez se siente más cómodo jugando este torneo continental: ganó 6 de las últimas 15 ediciones.

Banega se parece mucho a un futbolista fuera de tiempo. Ever sigue jugando como ya casi no se juega en el fútbol mundial y lo hace de manera genial. Es un mediocampista del estilo que profundizó Pep Guardiola en Barcelona: el Tiki-Tiki efectivo, el tocar y moverse para recibir, el pase extra para generar espacios.

En España lo tildaron del Rey del Pase. Se mueve en su quintita Banega, bien cerquita del lateral izquierdo, como lo hacía Juan Román Riquelme, y desde ahí progresa a puro pase. Contagia a sus compañeros, además. Toca corto y puede cambiar de frente. Aguanta la pelota como pocos, maneja los tiempos como nadie y tiene una pegada prodigiosa.

El Rey del Pase. Así lo llaman en Sevilla.
Foto EFE

El Rey del Pase. Así lo llaman en Sevilla.
Foto EFE

No pisa el área ni es intenso para presionar en el campo rival, como juegan ahora los volantes. Pero es tan bueno que puede aguantar el cambio de época: resiste en el lento adiós del Tiki-Tiki.

Banega jugó muy bien los cuatro partidos que disputó Sevilla en agosto para quedarse con la Europa League: contra Roma, Wolverhampton, Manchester United e Inter. Y en la final ante los de Milán regaló una asistencia para el segundo gol de Luuk de Jong. No tuvo una actuación descomunal, pero fue de los mejores de su equipo, especialmente en los momentos más bravos.

Había arrancado ganando Inter con un gol de penal de Lukaku. El propio belga había fabricado la infracción de Diego Carlos. El de Lukaku y Carlos fue el duelo que marcó el rumbo del partido.

De Jong igualó tras un nuevo centro exacto de Jesús Navas por la derecha y el propio holandés festejó el 2-1 luego de la habilitación de Banega. Pero Diego Carlos volvió a bajar a Lukaku cerca del área y Diego Godín aprovechó la pelota parada.

Julen Lopetegui habla con Banega en Colonia, en plena final.
Foto AP

Julen Lopetegui habla con Banega en Colonia, en plena final.
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El segundo tiempo fue chato: Inter se refugió demasiado y Sevilla no encontró los caminos. Hasta que faltando 15 minutos llegó el 3-2 final tras otro centro de Banega. El tiro libre de Ever fue despejado bien alto por los centrales y Diego Carlos ensayó una chilena desde afuera del área chica. La pelota se iba lejos del arco, pero Lukaku metió la punta del botín derecho y venció a su arquero Samir Handanovic.

Fue pobre el partido de Lautaro Martínez, que fue reemplazado cuando faltaban 12 minutos. Llamó la atención el cambio de Conte porque Inter ya perdía 3-2. Ocampos, por su parte, hizo lo que pudo por su molestia en la pierna derecha y aguantó 70 minutos.

La última función de Banega dejó también una perlita: se peleó con Antonio Conte. El volante cargó al entrenador tano con el pelo y éste enloqueció. Se sabe que Conte realizó un intenso y efectivo tratamiento capilar. Las crónicas de la prensa italiana contaron que el DT, furioso, lo invitó a pelear en el vestuario.

«No tengo palabras para este momento tan emotivo y a la vez un poco triste. Cumplí otro sueño. Me voy con otro título. Me voy con la cabeza alta», se despidió Banega, quien completó 238 partidos con Sevilla, anotó 29 goles y regaló 39 asistencias.

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HS



Fuente: Clarin.com

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