Un año de Riquelme dirigente: las cuatro decisiones que impulsó para hacer resurgir a Boca


“Tengo ganas de volver al club y sé que el hincha de Boca me va a ayudar a lograrlo”. La frase de Juan Román Riquelme se materializó hace exactamente un año. En unas elecciones históricas con récord de votantes y con un triunfo arrollador.

Los más de 20 mil votos para la fórmula Jorge Ameal y Mario Pergolini se impuso al oficialismo que tenía en Christian Gribaudo y a Juan Carlos Crespi como los candidatos de Angelici y el macrismo. Tercero quedó el binomio de José Beraldi y Royco Ferrari.

Hace 365 días, en Brandsen 805, ya entrada la madrugada, se constituyó el retorno de Riquelme a Boca. Ya no como futbolista, sino como vicepresidente segundo y el hombre encargado del fútbol. En silencio desde ese día, el trabajo subterráneo, el día a día en las entrañas del Complejo de Ezeiza, las apariciones sorpresivas, la palabra justa y el manejo vía celular de varias cuestiones. Cuatro claves en este año del Retorno del Diez.

Riquelme votó en las últimas elecciones que fue elegido vicepresidente. (Foto: Maxi Failla)

Riquelme votó en las últimas elecciones que fue elegido vicepresidente. (Foto: Maxi Failla)

La elección del director técnico

“Queremos un técnico que conozca el club, que logre que el equipo sea competitivo y que lo haga jugar con ambición sea en la cancha que sea”, fue el mensaje de Riquelme, sin anunciar en campaña cuál era el apellido elegido. Alcanzaron dos charlas de fútbol en Don Torcuato para ponerse de acuerdo y concretar el regreso de Miguel Ángel Russo al club después de 12 años. Era una vieja cuenta pendiente.

“Russo no siguió en Boca por perder una final del Mundo contra el Milan, fue una locura”, repitió hasta el cansancio Riquelme desde aquel diciembre de 2007. Con el cuerpo técnico elegido por el DT, la única mirada del Diez y ahora vicepresidente fue que la conexión con la Reserva debía ser con la figura de Sebastián Battaglia, a quien elogia por su temple y su condición de inalterable en el éxito o la derrota.

El 30 de diciembre, Russo fue presentado junto a Jorge Amor Ameal. Y desde entonces el equipo logró ganar una Superliga histórica ante River en un mano a mano que se definió en la última jornada, se clasificó a los octavos de final de la Copa Libertadores y a la instancia decisiva de la Copa Maradona. Algo más: Riquelme tomó la iniciativa de renovarle el contrato a Russo hasta diciembre de 2021 antes del comienzo de los octavos de final, como una muestra de respaldo y de que el camino elegido seguirá así pase lo que pase desde los resultados.

Miguel Russo fue el DT elegido por Riquelme. (Foto: G. Adrasti)

Miguel Russo fue el DT elegido por Riquelme. (Foto: G. Adrasti)

Dos charlas necesarias con Tevez

“Con el único jugador del plantel con el que hablé es con Tevez. Él viene de un barrio como yo, y si recupera las ganas de jugar a la pelota creo que nos puede dar todavía más”, fue el presagio de Riquelme sobre el nivel de Carlitos, a quien le quitó de sus espaldas la mochila de haber sido aliado de Daniel Angelici en las elecciones de 2015.

Desde ahí, todo quedó en las manos de Miguel Russo y en la puesta a punto del Apache, quien se reinventó a punto de ser el goleador del año para Boca con 11 tantos hasta ahora. El momento más tirante ocurrió a mitad de año, cuando hubo que renovar el vínculo. Un pedido millonario inicial, un fuerte contrapunto con su representante, dardos cruzados -y públicos- de Cascini y Bermúdez, una postura de Carlitos sobre su continuidad más allá de diciembre y finalmente el llamado que arregló todo.

Riquelme habló con Tevez, de nuevo. Y allí le dejó en claro que quería seguir contando con él pero que el salario exorbitante que percibía hasta diciembre de 2019 era imposible para el país. Incluso hubo algún consejo sobre cómo atravesar la última etapa de la carrera y hasta un ofrecimiento para quedarse a trabajar en el club una vez consumado el retiro. Tensiones al margen, Riquelme y Tevez acordaron lo mejor para Boca: la continuidad del capitán. El nivel del Apache ratificó semejante confianza, pese a una tensión que pareció innecesaria hacia el afuera.

Tevez, figura en este 2020.  (Foto: REUTERS)

Tevez, figura en este 2020. (Foto: REUTERS)

Otra política de incorporaciones

Acostumbrado a mercado de pases con media docena de apellidos nuevos, Boca y la mirada de Riquelme desde el Consejo de fútbol que integran Marcelo Delgado, Raúl Cascini y Jorge Bermúdez fue cambiar poco. En un año de conducción llegaron el peruano Carlos Zambrano tras una sugerencia de Ricardo Gareca, Pol Fernández (a préstamo, sin lugar en Cruz Azul), Javier García y Diego González, ambos libres desde Racing, y Edwin Cardona, a préstamo y pagando sólo el 50 por ciento del pase. Lo justo y necesario para retocar poco el plantel. Aquellos apellidos de renombre que tentó (William Tesillo y Mauricio Isla) se frenaron al momento de los números, porque no Boca no estuvo dispuesto a pagar de más.

Cardona, una de las pocas incorporaciones del año. (Foto: Prensa Boca)

Cardona, una de las pocas incorporaciones del año. (Foto: Prensa Boca)

El contexto lo ameritaba. En medio de la crisis económica y de una pandemia que afectó al planeta fútbol, Riquelme lideró la renovación de parte del plantel pero además adaptó al presupuesto a una nueva realidad. Redujo costos, achicó gastos con contratos elevados de jugadores suplentes (Marcos Díaz, Jan Hurtado, Iván Marcone, Emanuel Reynoso, entre otros), prescindió de futbolistas que no quisieron permanecer en la institución con un pulso discutible pero firme (Alexis Mac Allister, Almendra, Junior Alonso y el conflicto cercano con Pol Fernández son muestras de ello) e hizo caja para pensar en lo que haga falta para 2021.

Lo más complejo estuvo en retener a Tevez, Mauro Zárate, Izquierdoz y Soldano, todos pedidos expresos del DT. Se quedaron. Del proceso en Juveniles, estancado por un 2020 casi sin fútbol en Inferiores y Reserva, el debut de Exequiel Zeballos es la punta de un hilo que espera, según la voz del Consejo de fútbol, contar con estrenos de pibes del semillero en el mediano plazo.

Riquelme estuvo en el sorteo de la Conmebol. (Foto: EFE)

Riquelme estuvo en el sorteo de la Conmebol. (Foto: EFE)

Baja exposición y trabajo subterráneo

A diferencia del protagonismo que había adoptado en sus mandatos Daniel Angelici, la figura de Riquelme casi no se percibió en doce meses. Es cierto que de marzo a septiembre se encerró el país en un confinamiento, pero el vicepresidente se mantuvo al margen antes y después de eso. El terreno institucional se lo dejó a Jorge Amor Ameal. El de la mirada empresarial descansa en Mario Pergolini.

Lo de Riquelme es el fútbol. Todo el fútbol. Desde su base de operaciones en Ezeiza, el lugar al que llega cerca del mediodía y al que deja pasada la medianoche, Riquelme vive para la pelota. De ahí que su primera decisión fue hacer todos los drenajes, sembrado y poner en condiciones las 9 canchas del complejo.

“Román tira chistes, nos da consejos, se ríe con nosotros pero apenas lo ves te intimida un poco”, fue una descripción acertada de Julio Buffarini durante el año. La distancia justa se nota en el día a día con el plantel. Capaz de dar una charla antes de un entrenamiento junto a Miguel Russo para llevarles tranquilidad a los futbolistas después de los casos de contagios por COVID 19 como de no viajar a ninguno de los partidos de la Copa Libertadores para no cargar de presión a nadie con su presencia. De frases cortas pero contundentes para el elogio futbolero como para un ladrido feroz a los empresarios y representantes que rodean cada negociación.

Como en la cancha, el Riquelme vicepresidente se desmarca a tiempo y deposita la confianza en su hermano Cristian, quien es su mano derecha, izquierda, sus ojos y hasta su voz en el día a día. En un año solo tuvo dos apariciones oficiales: una para el sorteo de la Copa Libertadores en Paraguay (“Riquelme si quiere puede ser presidente de la Conmebol”, lo elogió en Clarín el titular de la entidad, Alejandro Domínguez) y la presentación de la nueva indumentaria del club. Luego no se lo ve; se lo pispea. En el palco de siempre, tomando mates y mirando el juego. Inmutable ante un gol rival como ante un grito para ganar un título.

Capaz de correrse de la escena de la vuelta olímpica como de aparecer en Casa Amarilla para ver un amistoso del fútbol femenino. Con una pelota de por medio, Riquelme se siente en su juego. Tanto, que Jorge Amor Ameal se animó a decir que “cada día juega mejor”. Hace exactamente un año, goleó en las urnas. Pidió volver al club y los hinchas lo llevaron de regreso hasta el patio de su casa. Doce meses después, ahí está Riquelme.



Fuente: Clarin.com

Compartir