Tyson Fury le ganó por nocaut a Deontay Wilder y se consagró campeón de los pesados


Seis días antes de la pelea, Tyson Fury había pronosticado que ganaría por nocaut. Aquel lunes dijo que lo haría en el segundo round, porque no quería otra decisión dividida, en su segunda pelea ante Deontay Wilder. «No me darán nada así», afirmó el inglés. No pudo cumplir enteramente su advertencia. Pero Fury salió con convicción y brilló este sábado en Las Vegas, donde derrotó por nocaut técnico al estadounidense y se convirtió en el nuevo rey de los pesos pesados del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Problemas psicológicos, inconvenientes con la cocaína y hasta un retiro del boxeo profesional. Todo eso quedó a sus espaldas en la segunda pelea ante Wilder, tras el polémico empate de diciembre de 2018. Con decisión, castigó a su rival desde los primeros instantes, lo desgastó durante casi siete asaltos hasta que el referí marcó un final inevitable. Así, a su manera, se cobró revancha. Y le sacó el invicto a Wilder.

La previa fue tan caliente que no se hizo el habitual frente a frente que sigue al pesaje. En ese clima sonó el primer campanazo. Fue la señal de salida para Fury, que apuró el paso para ganar el centro del ring. Desde allí manejó, a su antojo, toda la pelea. Sorprendió con un ritmo incesante, entre los duros golpes de derecha y el clinch. Wilder tuvo que enfrentar el mayor alcance del nacido en Wythenshawe, además de sus casi 20 kilos de diferencia. A eso se sumó el comienzo furioso e inesperado del inglés, del que el dueño de la corona -hasta este sábado- no se pudo sobreponer.

Tyson Fury castiga a Deontay Wilder en su segunda pelea, en Las Vegas. (AFP)

Tyson Fury castiga a Deontay Wilder en su segunda pelea, en Las Vegas. (AFP)

Los intercambios de los primeros dos rounds predijeron un combate espectacular. Lo que nadie sospechaba era que habría un solo protagonista.

Tras un caótico cierre del segundo (la sucesión de golpes de Fury se extendió más allá del final), el Rey Gitano terminó de inclinar el desarrollo del combate. Ya se peleaba a su ritmo. Sin respiro para Wilder, que sufrió una caída en el tercer round. Desde entonces le costó mantenerse de pie. Y parecía que solamente una mano repentina podría revertir la tendencia.

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Sangre en un oído, las piernas quebradizas, la mirada perdida. A medida que pasaban los minutos, el estadounidense mostraba menos recursos para contrarrestar el dominio de su adversario. Un derechazo en el inicio del quinto lo lastimó aun más. Y un gancho lo mandó a la lona por segunda vez. La quita de un punto no opacó el trabajo de Fury, encaminado a la victoria.

La sangre cae de la oreja izquierda de Deontay Wilder, en la pelea ante Tyson Fury. (EFE)

La sangre cae de la oreja izquierda de Deontay Wilder, en la pelea ante Tyson Fury. (EFE)

A esa altura, Wilder se recostaba en las sogas. Buscaba un escondite que lo protegiera de la lluvia de golpes y que le permitiera hallar un poco de aire. El orgullo era lo único que conservaba a Wilder en el ring. No alcanzaba para hacerle frente a su adversario. Apenas era suficiente para que pasara el tiempo, postergando una definición inevitable.

El final llegó en el séptimo round. El referí Kenny Bayless detuvo la pelea cuando iban 1m47s. Y hubo un nuevo campeón de los pesados en el Consejo. Además, le hizo sentir a Wilder el sabor de la derrota por primera vez en su extensa carrera.

Fue el primer sinsabor de Wilder, acostumbrado al éxito. Quedó con un récord de 42 triunfos (41 por la vía rápida), un empate y, desde este sábado, una derrota. En cambio, la foja de Fury sigue intacta: 30 victorias (21 por nocaut) y aquel empate de diciembre de 2018.

Tyson Fury celebra su victoria por nocaut técnico frente a Deontay Wilder en Las Vegas. (Al Bello/Getty Images/AFP)

Tyson Fury celebra su victoria por nocaut técnico frente a Deontay Wilder en Las Vegas. (Al Bello/Getty Images/AFP)

En aquella oportunidad, el británico había terminado mejor la pelea, aunque había visitado dos veces la lona. Los jueces marcaron el empate, que para él fue casi como una caída. Y del que se tomó revancha en el Grand MGM de Las Vegas.

Para conseguirlo, despojó del cinturón a Wilder, que lo había conquistado en enero de 2015 y que había hilvanado 10 defensas exitosas. Este sábado se cortó su marcha imparable.

Dicen que el contrato para este segundo encuentro ya incluía el compromiso para un tercer cara a cara. Si el pedido de revancha llega en los próximos 30 días, el combate quedará automáticamente confirmado. Sería otro escenario, con el reparto de roles invertido. Wilder, como el retador. Y Fury, el nuevo rey.



Fuente: Clarin.com

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