Real Valladolid | Se cumple un año del «día más importante» vivido por Ronaldo


Este pasado fin de semana el Real Valladolid tendría que haber librado otra batalla por la permanencia que bien podría haberse resuelto como la que entabló hace un año en Vallecas contra el Rayo Vallecano. El Eibar habría sido el rival de la penúltima fecha, y lo será, a priori, en una fecha por determinar cuando se reinicie la Liga. Mientras tanto, recobrada la actividad en los campos de Zorrilla, los blanquivioletas recordarán aquel importante triunfo que selló una permanencia sufrida, pero disfrutada. Y si no que se lo digan a Ronaldo.

El presidente recalca siempre con una sonrisa que hace ambas cosas a partes iguales. No fue para menos entonces; el equipo caminaba fuera de los puestos de descenso, como hizo incluso en los peores momentos del curso pasado, peleando por conseguir cuanto antes esa salvación. El gol inicial de Enes Ünal de penalti pareció aliviar el sendero de la victoria, pero Medrán lo consiguió neutralizar cuando la segunda mitad se acercaba hacia su final. Y entonces, en el 80′, apareció Guardiola.

El delantero había llegado en enero precisamente para buscar momentos así. Recibió de su compañero en punta una prolongación de cabeza y encontró las costuras resquebrajadas en la defensa rival, con un central a medio camino entre la nada y Ünal y el otro apartado de la acción. Lanzó la diagonal y se aproximó a la media luna del área, donde tuvo que cuerpear y aguantar una tarascada al tiempo que se la dejaba a la zurda a modo de recorte. Desde allí, con la zaga fuera de combate, disparó duro, abajo, a la derecha del portero, y la afición bramó un «goooool» que les mantenía en Primera.

Aquel tanto justificó el fichaje de Sergi Guardiola y dio la razón a cuantos creyeron que, mientras otros firman cuando ascienden, la fuerza del bloque salvaría al Pucela. El resoplido duró lo que tardaron en llegar los festejos. El silbido que decretó que el sufrimiento había acabado y que el equipo seguiría un año más en Primera provocó la enésima comunión con la afición… y que Ronaldo acabara bajo la ducha, empapado por sus jugadores, que no volvieron a Valladolid nada más acabar el partido, como suele ser habitual en los desplazamientos, sino que se quedaron en Madrid a cenar y festejar con los suyos.

Escudo/Bandera Real Valladolid

Y en la cena, Ronaldo cogió el micrófono para brindar, con una pasión más contenida que la mostrada por Bielsa cuando profirió en Rosario a los cuatro vientos «¡Newell’s, carajo!», pero con otro mensaje sonado: «¡Aúpa Pucela; somos de Primera, cojones!», acompañado de la algarabía estricta de un guion de ensueño que vivieron también Óscar Puente, alcalde de la ciudad, y un invitado que decía pasar por allí, así, como quien no quiere la cosa, y que acabó poco después fichando como blanquivioleta, Julio Baptista, con quien la plantilla se desmelenó preguntándole dónde estaba la raqueta, ‘Hulio’.

La fiesta continuó con varios días libres y con la despedida de Borja Fernández días más tarde sobre el tapiz de Zorrilla, llegó el verano, luego lo hizo el invierno y, con él, un maldito virus que tiene al Pucela parado en la búsqueda de otro día feliz, quizás, otra fecha a recordar por el presidente. Aquella noche, Ronaldo dijo que sus jugadores le habían regalado «el día más importante de su vida». Sí, el mismo Ronaldo que ganó, entre otras cosas, dos mundiales y dos balones de oro («algo», dijo él…). La misma leyenda que marcó a varias generaciones dijo que esa salvación «es la más grande satisfacción e ilusión» que ha tenido. Cosas del fútbol y, desde hace un año, historia del Real Valladolid



Fuente: As.com

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