Quién es Michele Mouton, la única mujer en ganar un rally del Campeonato Mundial y que hoy tiene un puesto clave en la FIA



Quién es Michele Mouton, la única mujer en ganar un rally del Campeonato Mundial y que hoy tiene un puesto clave en la FIA 1

Cuando en 1977 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de la muerte de 129 obreras que luchaban por mejores condiciones laborales y el mismo sueldo que percibían los hombres por iguales tareas en Nueva York en 1908, una mujer estaba decidida a triunfar entre los hombres en el automovilismo. Michele Mouton había ganado varios campeonatos franceses y europeos de rally femeninos desde 1974 pero quería ser la mejor entre todos los pilotos. Y lo logró: en 1981 se convirtió en la primera mujer en ganar una competencia del World Rally Car (WRC) -el Rally de San Remo-, lo que repitió otras tres veces pero que aún hoy ninguna otra piloto consiguió.

«Recuerdo que fue fantástico. Todo el equipo festejaba, ponían flores en el capó del auto y fue muy emocionante porque era el primer triunfo de una mujer en el Campeonato Mundial. Y todavía sigue siéndolo, lamentablemente«, se escucha a la francesa decirles a Mika Hakkinen, Tom Kristensen y Felipe Massa en la película documental Héroes, estrenada 38 años después de aquel 10 de octubre de 1981 en el que logró la primera de sus cuatro victorias en el WRC.

Por entonces, Mouton ya había demostrado de lo que era capaz: había ganado el Rally de España de 1977, por el campeonato europeo, con apenas un puñado de años de experiencia en un deporte al que llegó de casualidad mientras estudiaba Derecho y un amigo, Jean Taibi, la invitó a presenciar el Tour de Corse 1972 del que iba a participar. Un año después, ella fue su navegante en el Rally de Montecarlo y al siguiente debutó como piloto, ayudada económicamente por su padre, un empresario de la zona de Grasse que le compró un Alpine A110 y la patrocinó durante la primera temporada.

«Mi padre fue el primero en creer en mí -recordó Mouton en 2019-. Él me regaló mi primer coche, y por ello le estaré eternamente agradecida. Me dijo que sería mi primer sponsor durante el primer año. Y dijo algo que recordaré toda mi vida: Si eres lo suficientemente buena, continuarás. Si no, abandonarás’«.

No necesitó del dinero familiar por mucho tiempo porque esas condiciones detrás del volante aparecieron tan rápido que en 1978 Fiat Francia la contrató como piloto oficial. Tres después, llegó Audi para darle un Quattro, uno de los autos más potentes del extinto Grupo B del Rally Mundial y con el que Mouton finalmente pudo mostrar que en iguales condiciones podía lograr los mismos resultados que los mejores pilotos.

«Audi me llamó y me ofreció el mismo coche que Hannu Mikkola, que era uno de los mejores pilotos del mundo. Con las mismas condiciones dadas no podía aceptar estar dos o tres segundos detrás de él. Imposible. Trabajé duro para sobrepasar mi propio límite y tratar de acercarme a su nivel», recordó en 2020, con 69 años y 11 años como presidenta de la Comisión de Mujeres de la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

El primer éxito, entonces, se dio en aquel octubre de 1981, cuando ella corrió la última etapa sin distracciones y el finlandés Ari Vatanen -presionando psicológicamente porque no quería perder con una mujer- se equivocó y perdió. Y 1982 apareció en el horizonte como la gran oportunidad para ser la mejor ya no solo en una prueba, sino a lo largo de todo un campeonato.

Con Hannu Mikkola, el primer piloto de Audi, sin opciones, Mouton fue la primera opción de la marca para ir por el título contra Walter Röhrl. A quien ya apodaban “La Reina de la Velocidad” había ganado en Portugal, Grecia y Brasil, por lo que en la recta final el exigente Rally de Costa de Marfil figuraba como una prueba crucial.

Solo en la primera etapa, 34 de los 50 inscriptos habían abandonado y Mouton lideraba a los 16 restantes. Pero en la segunda jornada aparecieron los problemas en la caja de cambios del Audi Quattro y en la tercera se sumó la rotura de un eje de transmisión. Al final del día, la ventaja que la francesa tenía sobre Röhrl había bajado de una hora a 18 minutos. Y la cuarta etapa, que se largaba a las 4 de la mañana, no comenzaba mejor. «El coche no arrancaba. Toda la electrónica estaba empapada de agua por la niebla. Para arrancarlo, empujamos y aún perdimos más tiempo”, explicaba Mouton en una entrevista de 1999.

«Debíamos recuperar tiempo, pero la niebla persistía. Entonces, llegamos a una zona de aparcamiento para dar la vuelta, y pensábamos que era una zona amplia… pero no. Volcamos. Luego reanudamos la marcha, pero el Quattro ya no iba bien y, en la confusión, perdimos las notas, y con el mapa normal que teníamos acabamos saliéndonos otra vez. En el siguiente punto de asistencia, nos detuvimos y ya no se podía hacer nada por el coche. Se acabó lo que se daba», rememoraba.

Sin embargo, lo que Mouton había ocultado en competencia era que estaba anímicamente destrozada porque una hora antes de comenzar aquel rally la habían llamado desde Francia para comunicarle que su padre había fallecido.

«Mi padre acababa de morir. Quería ir a casa inmediatamente y dejar el Rally, pero mi madre me dijo que debía competir por él. Así que no dije nada y me centré en pilotar. Pero cuando empezaron los problemas con la caja de cambios y las penalizaciones, empecé a perder mi motivación. Pese a todo, me esforcé al máximo desde el principio, y mientras iba bien, aguanté. Después de eso, estaba triste por perder el rally y el título, pero no había punto de comparación a perder a mi padre. Él lo era todo para mí, quien me animó a perseguir mi sueño de ser piloto profesional, ayudándome en todo momento. Al final, el campeonato ya no parecía tan importante», remarcó tiempo después.

Aunque no se pudo despedir de él ni dedicarle un título, Mouton sintió que corría por su padre en Costa de Marfil porque eso le permitía desafiarse a sí misma. Y tal como él lo quería, ella nunca dejó de intentar superarse. Así fue como en 1985 viajó por segunda vez a Colorado a disputar la Pikes Peak International Hill Climb o The Race to the Clouds (La Carrera a las Nubes) y se convirtió en la primera persona no estadounidense en ganar la prueba -ya no solo la primera mujer-, con récord de tiempo incluido.

Sin embargo, en 1986 le puso un freno a su carrera deportiva. Ya tenía 35 años y quería ser madre, o quizás solo quería seguir con vida. Su última carrera en el WRC fue el Tour de Corse en el que murieron Henri Toivonen y Sergio Cresto, en la mayor tragedia de la historia del Mundial de Rally y que marcó el final de los autos del Grupo B.

Su aventura se prolongó unos meses más, hasta que en octubre ganó el campeonato alemán, y nunca más volvió. Tampoco se lamentó, según contó en Héroes: «Para mí estaba claro. Le dije a Frederik, mi pareja en aquel momento, ‘tengo que dejarlo’. Y lo dejé y nunca me arrepentí porque tuve a mi hija Jessie al año siguiente, así que fue magnífico, un gran momento».

Si bien nunca quiso mostrarse como ejemplo, Michele Mouton brilló entre hombres y ahora, con sus políticas desde la FIA, busca impulsar a otras a abrirse caminos en un deporte todavía machista pero que no diferencia género en sus categorías. Su objetivo es ampliar la base de la pirámide: que más mujeres se involucren en el automovilismo, sea como pilotos, ingenieras, mecánicas, oficiales de carreras, directoras de equipo o gerentas de marketing.

«Queremos demostrar que el deporte motor está abierto a todos y esto es muy importante para mí. Nuestro deporte es casi único, donde hombres y mujeres compiten juntos en igualdad de condiciones«, valoró el año pasado, cuando se puso detrás del proyecto Girls on Track que permitió que una mujer -Maya Weug- llegue por primera vez a la Academia Ferrari para jóvenes pilotos.



Fuente: Clarin.com

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