¿Por qué Gran Bretaña se resiste a querer a Lewis Hamilton?


Hasta este domingo el alemán Michael Schumacher era el incomparable, el dominante, el imposible de alcanzar en la Fórmula 1. En un circuito difícil como el de Estambul y con su Mercedes, el británico Lewis Hamilton no solo igualó su proeza de obtener siete títulos, con igual talento pero incomparable esfuerzo. Se transformó demás en la primera “leyenda” negra de la Fórmula 1. Una victoria a su tenacidad, a sus convicciones personales, a una larga batalla contra el racismo y algo peor.

Lewis defiende la bandera de Gran Bretaña, un país en el que muchos no lo quieren: una gran cantidad de fans no lo consideran uno de los suyos. Lo ven demasiado americano, demasiado rico, comprometido políticamente con Black Lives Matter -estampado en su casco, en un deporte considerado de blancos- y vestido como un negro del Bronx, con un ligero acento de Nueva York. ”No es como uno de nosotros”, dicen unos cuantos.

Hamilton y su padre, un inmigrante de Trinidad y Tobago, sufrieron esa hostilidad discreta del racismo británico, que se siente pero generalmente no se ve.

Hamilton, el militante

Otras leyendas de la Fórmula 1, como Jackie Stewart, Nigel Mansell y Jenson Button, llegaron al éxito sin los dolores o desprecios que sufrió Lewis Hamilton en el reino, donde nació pero se fue cuando comenzó a triunfar. Primero a Suiza, oficialmente por razones tributarias pero, en realidad, en busca del fin del hostigamiento. Luego a Mónaco, como la mayoría de los pilotos. Nunca se lo perdonaron: lo acusaron de ser un «exiliado fiscal». La realidad fue otra. Se fue para no soportar el bullying, la invasión de los tabloides, la pérdida de su privacidad en el reino.

Hamilton es un militante contra el racismo y a favor de igualdad, que hoy conmueve al mundo en medio de la pandemia, con otros valores que los del millonario y sponsorizado mundo de Bernie Ecclestone y la Fórmula 1.

“Igualar el record de Michael Schumacher pone un foco en mí, que no será para siempre. Así que mientras estás aquí, prestá atención. Yo quiero pedirle a todo el mundo ayudar para crear un mundo más igualitario”, expresó en su día de gloria.

No es el tipo de mensajes que se suele escuchar desde un podio, en un mundo donde sobrevuelan los millones de dólares, aviones privados, guerra de sponsors y batallas y mezquindades de equipos, sin el menor compás moral.

Cuando él adopta esas posiciones, le exigen otras: por ejemplo, que boicotee el Grand Prix en Arabia Saudita en 2021, para castigar al reino por sus violaciones a los derechos humanos y el brutal asesinato en el consulado sirio de Estambul del periodista del Washington Post Jamal Khashoggi, ordenado según la CIA por el príncipe Mohammed.

La emoción de Hamilton tras su victoria en Turquía. (Foto: Reuters)

La emoción de Hamilton tras su victoria en Turquía. (Foto: Reuters)

Cambiar la Fórmula 1 y el mundo

Las intenciones de este Fangio del siglo XXI son altruistas: «limpiar» la Fórmula 1, impedir que sus Grand Prix suavicen la imagen de violentas dictaduras o autoritarios seriales y abrir el camino para que más pilotos negros pueden sentarse en un Mercedes, como él, y ganar 94 veces. Sólo tiene 35 años, aún mucho tiempo por delante para hacerlo.

La historia oficial lo va a mostrar como el más exitoso conductor de Fórmula 1. Pero él quiere cambiar el mundo desde su posición y en este caso, también es el primero.

Su contrato con Mercedes finaliza al final de esta temporada y no se sabe qué será de su suerte después. “No está garantizado”, comentó él mismo. Está claro: en su mente no solo están las carreras de autos.

Con sus 35 años, sus victorias, su aura, va a remarcar las cuestiones importantes para él y combatir desde su lugar las injusticias: mantiene firme su adhesión al movimiento Black Lives Matter, que rechaza el racismo y el brutal tratamiento de la Policía en diferentes países a los negros, y ahora tiene en la mira los abusos a los derechos humanos en los países en que la Fórmula 1 se desplaza. No sólo Arabia Saudita sino también China, Bahréin, Azerbaiyán, todos con historias de violaciones a los derechos humanos.

Son los matices de ser el primer corredor negro en 70 años de Fórmula 1. Una gran oportunidad de incorporar a chicos negros en el deporte, haciéndolos soñar y convenciéndolos de que es posible. Las lágrimas de emoción de Lewis en el cockpit tras su consagración eran para ellos: “Yes, you can”, fue su mensaje, como repetía Barack Obama en su campaña para la presidencia.

“Raramente yo pierdo control de mis emociones”, comentó Lewis este domingo.”Todas estas emociones iban dentro mío y yo estaba tratando de frenarlas. Estaba pensando en toda mi carrera. Y estaba ahí, a pocos minutos. Y cuando crucé la línea, exploté en lagrimas y no podía salir del auto. Simplemente no lo podía creer”, reconoció. Allí estaba en su Mercedes negro, pintado de ese color por su pedido, con el mensaje en su casco: Black Lives Matter. Las vidas negras importan.

“Yo soy muy fuerte pero no habría podido hacer esto sin mi papá. Yo estaba pensando en él, en mi mamá, en mi madrastra, en mi hermano” aseguró.

¿Cuándo será Sir Lewis?

El mayor deportista de todos los tiempos en Gran Bretaña pronto será Sir Lewis. El gobierno británico no tendrá otra alternativa que recomendarlo a la reina para este honor. Pero otros deportistas blancos lo consiguieron antes, sin haber necesitado tanto mérito. El tenista Andy Murray, el ciclista Bradley Wiggins e incluso el maratonista Mo Farah, que denunció el racismo y vive en Estados Unidos, fueron nominados caballeros antes que él.

Sir Stirling Moss, otra leyenda del automovilismo británico, citó el cambio de status de Hamilton como una de las razones por las que es mal percibido. “Él puede ser más un ídolo pop que un corredor de autos”, comentó al Daily Telegraph. ”Pero es increíblemente rápido. No le podemos quitar eso. Mentalmente cuando maneja tiene 40 o 50 pero en lo otro tiene 15 años. Pero es así: él tiene la vida que quiere”, evaluó. Y luego fue más allá: “Él es una suerte de superstar y no es la forma en que los británicos somos. Nosotros somos más reservados”.

Susie Moss, su esposa, dijo lo que Sir Stirling no se atrevió a explicar. “El ha ido más a América. Por eso pienso que no es querido. Cuando era un joven piloto, era encantador, humilde, una persona normal”, deslizó Susie.

Hamilton cruza la meta y detrás de la reja festejan los mecánicos de Mercedes. (Foto: AFP)

Hamilton cruza la meta y detrás de la reja festejan los mecánicos de Mercedes. (Foto: AFP)

«Porque soy negro»

Para los británicos, Hamilton hoy es un modelo de hip hop, con sus cadenas de oro, sus tatuajes, los anteojos dorados de un chico del Bronx, y su ropa amplia, bien del estilo estadounidense. En el reino del “black tie” para las grandes ocasiones, Hamilton llega a las ceremonias con un casquete rosa, pantalones enormes, zapatillas y campera dorada, como en una película de una pandilla negra neoyorkina. A muchos británicos los horroriza e irrita.

“Probablemente porque soy negro”, comentó en 2011 en Mónaco, cuando los comisarios de la carrera lo sancionaron por su conducta en pista.

Para los fans es petulancia. Para Hamilton, una clara defensa de sus derechos frente a la mirada prejuiciosa y racista de los demás. Los que lo detestan asocian a Mónaco y su vida con automóviles deportivos último modelo, cover girls, celebridades, bajos impuestos. Lejos de esa sociedad victoriana de clases británica, donde los Hamilton por lógica deberían haber sido empleados de baja categoría y viviendo de por vida en una casa social, sin la menor movilidad.

No hay posibilidad de escribir sobre Lewis Hamilton sin precisar las divisiones que genera, los insultos racistas contra él en las redes sociales, la mirada de los otros de la Formula 1.

Pero el no va dejar de pelear por los cambios. «Yo quiero ayudar a la Formula 1 y a Mercedes en este camino y movernos a un deporte más sustentable. Quiero ver si puedo ser parte por un poquito más de tiempo”, comentó este domingo.

Hamilton, regado de champagne en el festejo por su séptimo título. (Foto: AFP)

Hamilton, regado de champagne en el festejo por su séptimo título. (Foto: AFP)

«Clash» cultural

Esta imagen es la opuesta a la que los británicos fans de la Formula 1 y los tabloides británicos perciben de él. Hablan de su extravagante estilo de vida y su status de celebridad, aunque no cuestionan su irrefutable pedigrí de piloto.

“Yo me siento completamente británico y quiere honrar la herencia familiar. Voy a todas carreras con la bandera británica orgullosamente y no ha habido nadie que la haya llevado tan alto” explicó alguna vez Lewis.

Pero entre los británicos y Lewis Carl Davidson Hamilton se mantiene un “Clash” cultural. A muchos no les cierra que sea vegano y haya decidido adoptar este estilo de vida, al que considera “la única forma de salvar el planeta” y defenderse de una herencia de cáncer y enfermedades cardiológicas en su familia.

Otro problema es el alcohol. La cultura de pub británica, con la que hay que celebrar hasta terminar bien borracho, para Lewis es inaceptable. Prefiere los jugos.

Hamilton es además un ferviente cristiano y tiene otros valores en la vida. Dona su tiempo y su dinero, hace beneficencia, milita. Son otras convicciones y otros compromisos.

Con su inmensa fortuna, Lewis Hamilton ha comprado un departamento con espectacular vista al mar Mediterráneo en Mónaco, otro en Nueva York y un inmueble en Colorado. Cuando estaba en Suiza adquirió un jet Bombardier Challenger 605 GLCDG y luego lo vendió, según dijo, para reducir las emisiones de carbono. Pero un programa de la BBC lo acusó de que su operación de leasing era para no pagar el IVA.

En el box de Mercedes se lo ve con sus “dreadlocks”, en su patineta voladora, usando su propia línea de ropa: Tommy Lewis, con todos los modelos “oversized” o pantalones baggy. Ese es el estilo Lewis.

Para la noche, los británicos no soportan su modelo Bronx, cuando la etiqueta marca smoking. Tanto que en Wimbledon alguna vez llegaron a prohibirle la entrada porque no respetaba el código de vestimenta del club.

Lewis Hamilton, con su patineta en los boxes de Interlagos. (Foto: EFE)

Lewis Hamilton, con su patineta en los boxes de Interlagos. (Foto: EFE)

Hamilton, el americano

Frente a todos estos malos entendidos, Lewis Hamilton se siente en casa en Estados Unidos y los norteamericanos lo quieren, al igual que sus celebridades. Tanto Serena Williams como las Kardashians son sus amigas.

«Incluso ahora, los medios de comunicación me hacen preguntas diferentes a las que les hacen a mis competidores y hacen acusaciones directa e indirectamente: ‘No eres lo suficientemente británico, no eres lo suficientemente humilde, no eres lo suficientemente amado por el público'», comentó Hamilton.

“Ser el primer negro en algo es un caminar orgulloso y solitario. Cuando comencé, seguí el consejo de mi padre de trabajar el doble de duro, mantener la cabeza gacha, la boca cerrada y dejar que mi conducción hablara. Sólo cuando me ponía el casco me sentí libre de ser yo mismo», añadió.

Los fans británicos de la Fórmula 1 aman odiar a Lewis Hamilton, el mejor de sus deportistas. Puede ser por ese tendencia tan “british” de detestar el éxito, de no apreciar a los triunfadores. Otro combate que ha ayudado a Lewis Hamilton a ser el mejor y la más controvertida de las figuras del deporte británico. Su inesperado Malcolm X.

París. Corresponsal

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Fuente: Clarin.com

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