Pedro Monzón, un gol clave y una roja histórica que le costó años de terapia: «Si le hubiese pegado a Klinsmann, habría ido preso»


Para Pedro Damián Monzón el Mundial de Italia ’90 fue un verdadero sube y baja. Se elevó y tocó el cielo con las manos en ese salto triunfal para marcar el gol clave de cabeza ante Rumania, que le dio la clasificación agónica a la Selección a los octavos de final como mejor tercero. Y cuatro partidos después sufrió la peor tristeza de su carrera al convertirse en el primer expulsado de una final del mundo cuando vio la roja en el segundo tiempo por bajar a Jurgen Klinsmann, un error que sigue sin perdonarse hasta hoy.

Treinta años después del aquel subcampeonato que lo marcó para siempre, el Moncho habla con Clarín a corazón abierto sobre la alegría de ese grito que le dio vida a la Argentina y sobre el martirio que vivió por haber sido echado ante Alemania.

-¿El que le hiciste a Rumania fue el gol más importante de tu carrera?

-Sí. Hice muy pocos goles, yo estaba más para defender que para atacar en un córner o tiro libre. Fue el más importante y el más emotivo. Lo recuerdo muchísimo. Lo disfruté más con el tiempo porque en ese momento en la cancha no lo disfruté mucho. Yo estaba para defender y estaba preocupado por volver a mi posición y estar atento a lo que tenía que hacer. Debe ser porque no estaba acostumbrado a hacer goles.

-Me imagino que te debés acordar bien de la secuencia.

-Nosotros sabíamos que ellos marcaban en zona y algunos personalmente. Pero la anécdota más linda, lo que me acuerdo es que el día anterior al partido iba a la habitación de Diego y mientras que tomábamos mate y jugábamos un poco yo le agarraba de la pierna izquierda y le tocaba el pie. Le decía “por favor haceme hacer un gol que quiero quedar en la historia”. Se reía y me dijo “¿a dónde te gusta ir a buscar la pelota?”. Yo le dije “a donde quieras”. Me dijo “bueno, te la tiro el primer palo, arriba del hombre-poste que ponen ellos”. No lo entrenamos, solamente lo hablamos. Y creo que fue el primer córner que hubo. Me la tiró ahí donde me dijo. Amagué primero, hice un movimiento para distraer y cuando vino la pelota puse la cabeza. Fue mucho lo que hizo Diego, me la tiró ahí y yo lo único que hice fue poner la cabeza y girar un poquito para el lado izquierdo.

-Tenés que elegir una satisfacción de ese Mundial: ¿haber eliminado a Brasil o a Italia?

-Los dos, no es tan fácil. Con Brasil fue muy emotivo porque dos días antes de jugar nos habían mandado lo boletos para volver a la Argentina tres horas después del partido. Fue fuerte que nos mandaran eso. Pero el grupo estaba muy unido y queríamos dar la vida por llegar a la final y ser campeones. Carlos fue a cada habitación y dijo “No quiero enterarme que alguno haya armado el bolso”. Fue habitación por habitación. Antes de salir fue a mirar de vuelta, tenía que ver las zapatillas tiradas por allá, la ropa afuera de las valijas. Cuando terminó el partido empezamos a cantar y a insultar a los brasileños, a los de la FIFA y a los italianos, que nos habían hecho eso.

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-Después de 30 años, ¿con qué jugada soñaste más veces: el gol a Rumania o la expulsión en la final con Alemania?

-Treinta años después no me tiro a los pies de Klinsmann. La expulsión, sí. No puedo ser tan burro. Estaba entrenado y preparado y sabíamos en donde se podía hacer una falta. Sabía de qué manera. Eso fue una equivocación por décimas de segundo. Yo me tiro a la pelota porque pienso que puedo sacársela. No fue el golpe como hizo ver Klinsmann, que pegó vueltas en el aire y después siguió jugando. Si le hubiese pegado yo me hubiese quedado preso en Italia, pero él hubiera quedado con la pierna rota. La intención no era pegarle a él. Si querés pegarle es muy difícil errarle a alguien. Si querés ir a la pelota y la pelota se corre un poquito… Pasó lo que pasó. Fue un error muy grande haberme tirado al piso en ese lugar de la cancha. El partido no estaba decidido ni ellos nos estaban apabullando, estábamos bien defensivamente y llegábamos al arco. A Calderón le pegan adentro del área y no cobra nada. Podría haber cobrado penal a favor nuestro. Pero nosotros no pedíamos penal. Sensini tampoco le pega al delantero.

-¿La jugada de la roja la volviste a ver muchas veces?

-Me hizo muy mal esa jugada en la parte psicológica porque la gente me gritaba por la calle. Me dolió mucho y me costó mucho recuperarme después de esa jugada que me tocó vivir. Hace 17 años que dirijo y gracias a Dios que hace bastantes años que ya no se ponen detrás del banco como se ponían al principio. Trabajé en Ascenso. En Primera trabajé en Veracruz de México y en Olmedo de Ecuador. Acá trabajé en Argentino A y B, en la B Metropolitana… Gracias a Dios hoy estoy en Argentino de Quilmes y ascendimos el torneo anterior. Más allá de eso, antes se ponían una o dos personas detrás del banco de suplentes y me taladraban la cabeza. Me decían “por culpa tuya, hijo de mil… hijo de mil…”. No iban a mirar el partido; iban a insultarme a mí por la jugada en la Selección, capaz que no eran ni hinchas del equipo que dirigía. Siempre había algunos que se metían a decirme constantemente. Y en la calle muchos me gritaban. Yo tenía mi temperamento un poquito más agresivo cuando era más joven y me los quería comer a veces. No se bajaban del auto y me lo decían en la cara, eso es peor porque no me daban chance de contestarles o de explicarles la verdad, que a mí me dolió mucho y me sigue doliendo. Tenía 28 años. Venía de jugar cosas importantes con Independiente, salir campeón. No era un pibe que recién arrancaba.

-¿Cuándo hiciste el click para que eso no te mortifique más?

-Y con los años. Gracias a algunos amigos, a la familia, a un psicólogo. Siempre hay gente y profesionales que te ayudan. Sacarme de la cabeza no me lo puedo sacar. Es un error y no me permito haberme equivocado.

-¿Lo trataste en terapia?

-Sí. Por eso te digo. Imaginate a qué grado llega uno. A tener que hacer terapia porque es muy difícil convivir con eso. Hasta hoy no me lo permito. Ahora como director técnico, mis jugadores se equivocan y yo trato de decirles cómo tienen que revertirlo para el próximo partido. Nunca les reclamo. No los culpo. Tal vez eso sea por todo lo que sufrí yo por el error que cometí. Los jugadores saben qué hicieron bien y qué no hicieron también. Tengo miedo de que les hagan tanto mal como me hicieron a mí porque no solamente te queda marcada una cosa en una final del mundo, puede ser en cualquier partido.

-Alguna vez dijiste que te encontraste al árbitro Codesal en México y te ofreció trabajo. ¿Nunca hablaron de la final?

-Sabés que no. Trabajé del 2001 al 2003 y de mediados del 2005 al 2007 en México. Nos encontramos en una cancha y nos pusimos a hablar. Me dice “a vos te conozco”. Yo le dije que también lo conocía. Pero él me hablaba como si yo siguiera siendo jugador. Esto fue en 2002 o 2003. El que estaba con él le dice en el oído “él es Pedro Monzón, lo echaste en la final”. Yo escuché eso. Ahí nos abrazamos. Quedamos en contacto. Varias veces fui a la Federación Mexicana de Fútbol, él estaba con los árbitros. Hablamos muchísimo de fútbol. El tenía buenos comentarios del trabajo que yo realizaba en mis equipos. Pero nunca hablamos de ese partido. Yo me creo una persona respetuosa y es muy difícil que pueda hacerle pasar un mal momento recordando algo que ya pasó. Nunca hablamos de esa jugada y quedamos en buena relación. Cuando se enteró que me volvía a la Argentina me llamó para decirme que me quedara allá. No me hubiese gustado hablar con él de ese partido. Tal vez no se dio cuenta y como yo me equivoqué también se puede haber equivocado él.

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-¿Con qué recuerdo lindo te quedás de Italia 90?

-Había un dirigente de Independiente, que también era de la AFA, que se llamaba Rubén Di Pace, que en paz descanse… Después del partido (por la final) volvimos a cenar a Trigoria creo. Yo estaba envuelto en lágrimas la verdad, llorando y llorando. Todo el mundo estaba sentado en la mesa sin ganas de comer, sin ganas de nada. Él se levantó, agarró una servilleta y empezó a cantar “Olé, olé, olé cada día te quiero más, oh Argentina…”. Nos dimos cuenta de que perdimos una final pero que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Y ahí empezamos a cantar entre todos, nos paramos. Nos abrazamos con lágrimas. Fue muy emotivo. Eso me quedó grabado.

La adoración por Maradona: «Lo amo con toda mi alma»

Monzón no duda un segundo. Cuando se le pregunta sobre lo que significa Diego Armando Maradona para él, se le transforma la cara y la sonrisa se vuelva la gobernante de su rostro.

«Yo lo quiero muchísimo. Lo quiero con toda mi alma. Puedo decir que lo amo. Fue y seguirá siendo una gran persona y seguirá siendo el número uno en el mundo como jugador de fútbol también. Lo conocí bastante como compañero, como futbolista y como persona. Por eso soy maradoneano, te lo simplifico: lo amo con toda mi alma», dice el Moncho sobre el 10 de Fiorito.

-¿Sentís que Diego sufrió ese Mundial?

-Diego lo sufrió mucho desde el primer partido con Camerún porque lo golpearon muchísimo. Todos le pegaban mucho a Diego. Los equipos siempre iban a buscarlo a él. Y él tenía muchísima fortaleza mental y física. Por eso estuvo siempre en la cancha. Si yo u otro jugador hubiera estado tan golpeado como él hubiese sido muy difícil haber salido a jugar. El tenía que agarrar la pelota, hacernos jugar a todos, hacer la diferencia… Para él fue muy difícil. De todos los golpes que recibía no podía entrenan en el campo, él tenía que entrenar más en una cinta que en el campo porque a veces no podía ni caminar. Ver todas esas cosas… Empezás a quererlo mucho más. Nunca nos quiso dejar solos. Diego lo sufrió por los golpes, no por otra cosa. Sigue siendo una persona muy ganadora. Y en ese momento quería que todos los argentinos fuéramos felices. Veíamos su esfuerzo y sufríamos mucho de verlo sufrir a él.

Las enseñanzas de Carlos Bilardo

-Carlos Bilardo siempre te bancó. ¿Sentías que eras discutido en la prensa?

-No te creas. Yo venía de salir campeón varias veces con Independiente. Entre yo, Juan Simón, Tiburcio Serrizuela, el Patón Bauza éramos los mejores marcadores centrales que había en el país. Sin mandarme la parte, fui merecidamente citado. También fui citado por Bilardo en el 83 en la primera Selección que dirigió él. Fuimos a Toulon, estaban Gareca, Neri Pumpido, Batista, Tata Martino, el Cabezón Ruggeri… Yo ya sabía lo que quería Bilardo y cómo trabajaba. Nos preparó muchísimo a muchos chicos. Es una persona muy trabajadora que nos enseñó muchísimo de la vida, no solamente de fútbol. Soy muy agradecido.

Pedro Monzón tiene palabras de elogio cuando habla de Bilardo. Fue el entrenador que lo llevó a la Selección y el que le permitió cumplir el sueño de jugar un Mundial. Y revela el mayor aprendizaje que obtuvo del Doctor.

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-¿Cuál fue la enseñanza que te quedó más marcada de él?

-A mí y a muchos chicos nos dijo que teníamos que disfrutar del fútbol, que teníamos que ser felices. Podíamos tener pasión, pero ir a trabajar o a entrenar sin ganas, por ejemplo… Y nos decía que hacíamos lo que nos gustaba y nos pagaban para hacerlo. Y no se puede andar con la cabeza a gacha o andar preocupado por algo que tiene solución. Entonces, si nos sentíamos mal por algo nos mandaba a la puerta de un hospital para que veamos cómo entraban las personas enfermas y cómo luchaban por sus vidas. Cuando tenías un problema muy grande que creías que no tenía solución te decía también que tenías que ir a pararte en la puerta de un cementerio porque el que entraba ahí no salía más. Nos mostraba el esfuerzo que hacía mucha gente para llevar el pan a su casa. Teníamos que mirar en la estación Constitución a las 6 de la mañana cómo hacía la gente para ir a buscar el mango. Todo eso nos hacía esforzarnos a nosotros cada día un poco más. Para él era muy poco el tiempo que trabajábamos. Nos hacía ver que había gente que se subía al tren a las 6 de la mañana y llegaba a su casa a las 8 de la noche

-¿Alguna vez te paraste en la puerta de un hospital para hacer ese ejercicio?

-Sí, muchas veces. Muchas veces me paré. Nosotros queríamos ver si tenía razón este hombre. Pensábamos “¿Este loco tendrá razón o no?”. Y muchos muchachos lo hicimos para ver si tenía razón. Igual le dábamos la razón siempre porque casi siempre tenía la razón.



Fuente: Clarin.com

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