Pasión por los caballos: por qué la reina Isabel intervino en forma activa para ayudar a los polistas y petiseros argentinos


A la reina Isabel no se le puede dirigir la palabra si antes ella no habla. Así lo indica el protocolo real. Al small talk (o informal charla) lo maneja como una artista tras 65 años en el trono. Pero su auténtica pasión y tema de conversación son los caballos. Sabe más de ellos que nadie en Gran Bretaña. Es la gran propietaria de studs y caballos de carrera y su mayor defensora en una Familia Real donde los deportes ecuestres son el denominador. Su otra debilidad son los corgies, sus perritos.

Cada embajador argentino que llega al palacio de Buckingham a su presentación de credenciales sabe que tiene con la soberana británica un tema en común: los caballos, el polo y las familias de los polistas argentinos, a quienes ella conoce a través de los caballos y los partidos en Windsor.

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Desde los Blaquier a los Menditeguy, desde los Harriot a los Heguy, padres e hijos, desde los hermanos Dorignac a los Lalor… Y también los Figueras, a través de sus nietos, los príncipes Felipe y William. Y también a los petiseros, en su mayoría argentinos. No son pocos los que pasaron por sus studs en Hampshire, Sandringham y Windsor. Admira su sabiduría sobre los animales. Por eso los defendió ante la nueva ley de inmigración británica, que buscaba no permitirles su entrada al reino. Los conoce y los respeta.

Isabel, con cuatro años y Penny, su primer poni.

Isabel, con cuatro años y Penny, su primer poni.

A los 4 años, cuando recibió a Penny, su primer poni Shetland, Lilibeth -como llaman a la soberana en su familia- comenzó su pasión equina. A los 16 años era una exquisita jinete. Burmese fue su caballo negro favorito durante 18 años, cuando montaba hasta hace muy pocos años en la ceremonias militares de Trooping the Colour, en Londres. Una misión que transfirió ahora a su hijo Charles.

Cuando su padre, el rey George VI ya estaba enfermo, ella cabalgó Winston, el caballo de su papa. En 1962 heredó de su padre su stud de caballos de carrera y hasta 1960 ella crió sus propios caballos, con atención al detalle, seguimiento y diaria inspección. En 2013, los caballos de la reina habían ganado 1.600 carreras, incluido el clásico francés Prix de Diane en 1974. En 1954 y 1957 fue premiada por ser la propietaria del campeón británico de carreras planas, sin obstáculos. Fue la primera monarca que lo obtuvo.

A diferencia de su madre, la reina Isabel no apuesta en las carreras pero tiene un enorme interés en el proceso de cría de los caballos. Sabe de ellos más que un veterinario, según los especialistas. A tal punto que es la patrona de la Asociación de Criadores de Pura Sangre en el reino.

Isabel encabeza la ceremonia de Trooping the Colour en 1960. Foto: AP

Isabel encabeza la ceremonia de Trooping the Colour en 1960. Foto: AP

Sus caballos nacen en el Royal Stud en el palacio de Sandringham en Norfolk. Luego crecen en el stud en Polhampton en Hampshire, antes de pasar a manos de uno de sus siete entrenadores. Después de que terminan sus carreras, los jubilan bajo su cuidado o son vendidos como padrillos. Su consejero de sangre y carreras es John Warren, quien tomó el cargo de su padre, Henry Hernet, conde de Carrevon, que murió en 2001. En su palacio de Balmoral en Escocia, la reina cría ponies Shetland. Allí abrió un stud para preservar la raza. Y hace lo mismo en Hampton Court con los ponies Fell.

El interés de la reina no se limita a los caballos de carrera, sino también el dressage, la conducción de carruajes como la que aún practica el príncipe Felipe, su marido, y el polo. Todos vieron su foto en el palco real de Ascot mirando las carreras apasionadamente. Es la única vez que la reina sonríe abiertamente y celebra el triunfo de sus caballos como uno más.

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Betsy fue uno de sus yeguas favoritas. Negra como a ella le gusta, se la había comprado a un granjero y se convirtió en su caballo preferido. Tenía un fuerte carácter pero la soberana quiere caballos con personalidad” dijo su groom Terry Pendry, que la acompaña cada mañana en sus cabalgatas. Petition fue uno de los más exitosos caballos de la reina en exhibiciones.

Su hobby es tan fuerte que lo practica a los 93 años. Todos los días, con un pañuelo en la cabeza, sin casco, con guantes de montar, y una larga capa azul para protegerse de la lluvia, cabalga por el parque de Windsor acompañada por un groom. Días atrás, en medio del escándalo Epstein y la expulsión de su hijo Andrew del protocolo real, ella lo invitó a cabalgar juntos. Una muestra de que seguía siendo su hijo, a pesar de todo. Ya comenzó a abandonar los caballos por ponies. Su actual preferido es Carltonlima Emma, negro azabache. Y sigue sin usar casco.

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FILE This June 15, 1960 file photo shows Queen Elizabeth II, riding out from Buckingham Palace, London to take the salute at the ceremony of Trooping the Colour, followed by Prince Philip and with him is the Duke of Gloucester, the Queen's uncle.  Queen Elizabeth II kicks off a long weekend of celebrations of her 60-year reign by going to the races, and perhaps no other event will give her so much pleasure. The Epsom Derby is the richest event on Britain's horse-racing calendar, and never mind that this is      the only major race in which the queen has never entered a winner. Pleasure, in the gilded life of Queen Elizabeth II, often comes on four hooves.(AP Photo, File) londres inglaterra princesa elizabeth reino unido celebracion 60 aniversario de la coronacion de la reina fotos archivo 1960 familia real britanica escena pelicula Camino Real

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“Nunca tuve uno y uno no puede peinarse como me peino si lo uso” admitió a su groom para evitar la medida mínima de seguridad.

Camilla, duquesa de Cornwall, admitió en un documental en el IBT: «Me maravilla de la estamina de mi suegra porque nadie puede andar a caballo a los 90 años. Es algo que yo encuentro increíble en ella”. Es tal su amor que cabalgó el día en que nació Louis, el tercer hijo de Kate y William, sus sucesores en el trono, a quien decidió no visitar en el hospital.

La reina Isabel, en 2018, en una exhibición real de caballos en Windsor. Foto: Reuters.

La reina Isabel, en 2018, en una exhibición real de caballos en Windsor. Foto: Reuters.

La princesa Haya de Jordania, hoy divorciada del billonario emir de Dubai, criadora como Isabel y gran amazona olímpica, le entregó un premio tiempo atrás. “Su Majestad, la reina Isabel, es una amante de los caballos de toda la vida. Es una verdadera mujer de a caballo: no importa la meteorología, su conocimiento de cría y de la sangre es increíble”, admitió con sorpresa la princesa.

Isabel II no deja su trabajo librado al criterio de sus expertos entrenadores, sino que visita los studs, pregunta, opina, ordena, acaricia sus caballos y cada mañana lee Racing Post, el diario de carreras.

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Hasta ahora, las estadísticas aseguran que la reina ha ganado 7.768.448 libras esterlinas gracias a las destrezas de sus caballos en 31 años. Pero ella no lo hace por el dinero sino para poder seguir siendo ”un ser humano como los otros”.

Londres. Corresponsal



Fuente: Clarin.com

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