Messi y una salida sin margen de error: no se quiere equivocar como Cristiano Ronaldo, Neymar y Maradona


Miguel Angel Russo lo hubiera definido mucho más fácil. El entrenador de Boca tiene un molde incorporado que usa como frontón ante cualquier repregunta: son momentos, son decisiones. Lionel Messi está parado ahí. En su momento, en su decisión. En una bisagra que seguramente pensaba que nunca iba a tener que enfrentar en su vida.

Al parecer ya hizo lo más difícil. Lo que merodeaba en su cabeza terminó transformarse en sentencia cuando las últimas cartas del castillo se derrumbaron: las tumbó Bayern Munich con el humillante 8-2, no las levantó Ronald Koeman en sus primeros movimientos como flamante conductor del equipo y terminó de pisotearlas la dirigencia al destratar a Luis Suárez y mandar un mensaje colateral evidente.

“A vos te queremos. Sos el mejor del mundo y confiamos en un futuro juntos ”, fue el discurso público del club al compás de señales paralelas que minaban el terreno. Y Messi decidió.

Decidió saltar hacia arriba con el riesgo que eso implica. Podría haber tratado de imponer condiciones en Barcelona, ​​hacer la plancha, respetar su contrato, esperar a que cambiara la cúpula dirigencial en las elecciones que se vienen, volver a empezar con el técnico nuevo, seguir marcando de a tres o cuatro goles contra el Alavés y presionar para que refuercen al equipo y apostar otra vez a la Champions.

Subió la apuesta Messi. Sin ir más lejos es lo que intentó hacer Neymar cuando se corrió de la sombra del argentino y asumió el costo de quedar en el centro de la escena.

Neymar, tan cerca de la Champions que hubiera cerrado con éxito su apuesta de irse del Barcelona al PSG. Foto: Reuter

Neymar, tan cerca de la Champions que hubiera cerrado con éxito su apuesta de irse del Barcelona al PSG. Foto: Reuter

¿Resultado? Agridulce. Sufrió lesiones, discutió con compañeros, presenció cambios de técnico y si bien el equipo de los jeques desfila en el campeonato doméstico (ganó siete de los últimos ocho campeonatos de la Ligue1) no pudo conseguir el objetivo central: ganar la Champions. Esa copa que Neymar vio pasar por delante de sus ojos hace apenas unos.

Algo parecido le pasa a Cristiano Ronaldo. A todas pompas el portugués siguió alimentando su marca. Amo y señor en Real Madrid se cansó de cuestiones extrafutbolísticas y fastidiado de su litigio con la Hacienda armó las valijas y aterrizó en Juventus. Mismo balance que Neymar: el equipo decide cuándo acelerar y cuando poner el freno de mano para ganar el Scudetto: ganó los últimos nueve al hilo. Pero quedó desnudo en la Champions al caer ante Lyon en octavos de final.

Esta edición tampoco fue para para Cristiano Ronaldo: Juventus ni llegó a Lisboa, quedó eliminado en octavos de la Champions. Foto: AFP

Esta edición tampoco fue para para Cristiano Ronaldo: Juventus ni llegó a Lisboa, quedó eliminado en octavos de la Champions. Foto: AFP

Ni siquiera Pep Guardiola, el anzuelo que ahora seduce a Messi para esta una aventura en el Manchester City, logró en sus siguientes destinos repetir las conquistas que supo obtener en el Barcelona. A nivel local triunfó con el Bayern Munich primero y con el City después. Pero en Europa no.

“Hemos cometido errores y en esta competición no puedes fallar. Es difícil, pero es parte del juego. Hay que entenderlo. Ahora hay que intentarlo otra vez. El fútbol da otras oportunidades y hay que intentarlo ”, dijo el entrenador catalán hace apenas un par de semanas cuando su equipo quedó afuera en cuartos.

Guardiola logró resultados a nivel local tanto en Alemania como en Inglaterra, pero no pudo llegar a la cima en el torneo que más desea. Foto: AFP)

Guardiola logró resultados a nivel local tanto en Alemania como en Inglaterra, pero no pudo llegar a la cima en el torneo que más desea. Foto: AFP)

Un día antes el Bayern había triturado al Barcelona y hecho un clic en la cabeza de Messi.

«Quiero ganar los próximos dos Balones de Oro y solo puedo hacerlo con vos», dicen que le dijo Leo a Pep una vez que tomó la decisión de divorciarse del club en el que juega y vive hace 20 años.

Menos extensa pero tan profunda fue la relación de Diego Maradona con el Napoli. A otra escala, con diferentes contextos, aquel ciclo se ve hoy en películas y documentales, sigue plasmado en los murales de los callejones napolitanas y es una marca indeleble en la historia del club y del propio Diego, que no pudo encontrar luego un destino tan cómodo e ideal como aquel en el sur Italiano.

Peleado con la dirigencia y desgastado por los tironeos que había dejado el Mundial de Italia 90, Maradona jugó el 24 de marzo de 1991 sin saber que sería su último partido en Napoli. Perdió 4-1 frente a la Sampdoria y marcó sobre el final el gol del descuento. Después llegó el resultado positivo de un control antidoping, la sanción, la sensación de una vendetta. Su pase seguía perteneciendo al Napoli pero forzó la salida.

Son momentos, son decisiones. Y Messi quiere ser el mejor del mundo también en ese terreno.



Fuente: Clarin.com

Compartir