Lewis Hamilton: del padre que tenía tres trabajos para solventar su carrera a ser el primer piloto negro de la Fórmula 1 y hacer historia grande


Cuando llegó a las 92 victorias en la Fórmula 1, Lewis Hamilton conquistó el récord de Michael Schumacher. «Hoy estoy pensando en Michael, siempre tendré la mayor admiración y respeto por ti, ha sido un verdadero honor ser mencionado en la misma oración que tú», escribió el inglés en su cuenta de Instagram. Tres semanas después, una oración volvió a incluirlos a ambos: Lewis Hamilton igualó el récord de siete títulos en la F1 de Michael Schumacher.

En el circuito de Istanbul Park, donde la F1 corrió entre 2005 y 2011 y donde nunca ganó Schumacher, fue Hamilton el que consiguió coronarse por séptima vez -sexto título con Mercedes-, la cuarta de forma consecutiva. Lo logró a los 35 años, la misma edad que tenía el alemán cuando levantó su último trofeo, en 2004.

Las carreras de Schumacher y Hamilton no podrían estar más relacionadas. En el inicio de sus trayectorias en la F1, sus primeros triunfos no fueron con Ferrari ni Mercedes, las escuderías en las que brillaron. El alemán vio por primera vez la bandera a cuadros en primer lugar el 30 de agosto de 1992 con Benetton; el inglés, como debutante en McLaren, el 10 de junio de 2007 en el Gran Premio de Canadá.

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En 2013, sus caminos se cruzaron: Hamilton llegó a Mercedes para reemplazar a Schumacher y demostró que la butaca no le había quedado grande. «Le deseo a Lewis, así como al equipo, que logren el éxito que nosotros hemos tratado de conseguir con trabajo duro», dijo Schumi al despedirse.

Pese a que su primera victoria se demoró diez carreras en llegar, en el Gran Premio de Hungría, y que el éxito de Sebastian Vettel con Red Bull se extendió un tiempo más, en su segunda temporada, Hamilton ganó el título.

Con Mercedes como nuevo dominador de la F1, el inglés repitió en 2015, el alemán Nico Rosberg se impuso en 2016 y, con Valtteri Bottas como nuevo compañero, Lewis recuperó la tranquilidad y arrasó en las temporadas que siguieron: 9 triunfos en 2017 y 11 en 2018 y 2019, sumando otros tres títulos.

Siete años después, en la previa a su consagración, Hamilton recordó ese arranque en la escudería alemana y dijo: «Lo que para mí es realmente es una locura es que me contrataron, en última instancia, para reemplazar a Michael. Me encontré en una situación extraña porque, obviamente, había visto a este hombre dominar con puño de hierro la F1 y había batido tantos récords. En ese momento él paraba y yo iba a ocupar su lugar. Los muchachos con los que trabajé eran sus mecánicos e ingenieros anteriores, y me vi en una coyuntura en la que yo era un privilegiado».

Su leyenda se agigantó en este 2020, con nueve Grandes Premios ganados en 14 pruebas, para aniquilar ese récord que Schumacher conservaba desde 2006 de ser el piloto más ganador de la historia, con 91 victorias en la Fórmula 1.

Parecía una marca imposible de alcanzar como esta de los siete títulos, pero en la vida de Hamilton no existen los imposibles.

La primera página la escribió cuando se convirtió en el primer piloto negro en correr en la Fórmula 1. La siguiente, cuando se convirtió en el más joven en ganar un campeonato, con 23 años, algo que luego le arrebató Vettel. Ahora, puso su nombre a la altura del -para muchos- mejor piloto de la historia. Y, a una edad competitiva y con el mejor auto de la parrilla, todavía puede seguir reescribiendo la historia del automovilismo.

El racismo que sufrió; la lucha que lo empoderó

En la escuela John Henry Newman, en la localidad inglesa de Stevenage, Lewis Hamilton era apenas uno de los seis o siete estudiantes negros entre mil niños y sufría bullying por su color de piel. Su padre Anthony, un inmigrante de Trinidad y Tobago, encontró en el karate la forma para que su hijo aprendiera a defenderse en los recreos. Y gracias al deporte, Lewis desarrolló, según contó después, seguridad en sí mismo, esa que le permitió presentarse con 11 años ante Ron Dennis, el entonces jefe de equipo de McLaren​, para preguntarle si alguna vez podría correr para él. «Llámame en 9 años», escuchó. La respuesta no lo aplacó.

La historia es conocida: tres años más tarde, Dennis lo fue a buscar porque Lewis no paraba de ganar. Pese a pertenecer a una familia humilde, su padre le sumó a su trabajo en el ferrocarril otros tres empleos de medio tiempo para costear los campeonatos de karting y su hijo le devolvió el esfuerzo al entrar al Programa de Promesas de McLaren en 1998.

Ganó el British Fórmula Renault Championship en 2003 y el F3 Euro Series dos años después. El título de GP2 de 2006 fue su puerta de entrada a la Fórmula 1 y su primera vez a bordo de un monoplaza fue en Silverstone, a 40 minutos del pueblo en el que creció, el 13 de septiembre de ese año.

Seis meses después, hizo su debut como compañero del campeón Fernando Alonso en McLaren y se convirtió en el primer piloto negro de la Fórmula 1.

«Para mí no significa mucho ser el primer piloto de color, pero para el deporte en sí mismo significa mucho», dijo entonces.

Su color lo volvía a diferenciar del resto. Pero entonces tomó una decisión: ignorar esa realidad. Mantuvo firme esa postura durante un tiempo, hasta que poco a poco entendió que lo mejor era convertirse en una voz de aquellos que no la tienen o no pueden expresarla y se convirtió en este Hamilton de 2020, el que apoya la campaña «Black Lives Matter», el que denuncia el racismo​.

«Ser el primer piloto negro de F1 es importante. Cuando empecé, traté de ignorar el hecho de que yo era el primer hombre negro en competir en este deporte, pero, según me he ido haciendo mayor, realmente he empezado a apreciar las implicaciones. Es una sensación muy buena ser la persona en derribar una barrera, al igual que las hermanas Williams hicieron en el tenis o Tiger Woods en el golf. Tengo niños de todas las culturas y nacionalidades que vienen a mí. Todos que quieren ser pilotos de F1. Ellos sienten que el deporte está abierto a todos», comentó en 2014.

En los últimos meses, su discurso se volvió más fuerte, más asiduo y más contundente. Denunció por fin que ha luchado «contra el estigma del racismo» a lo largo de su carrera. Desde las cosas que le tiraban cuando era chico mientras entrenaba en los kartings a los insultos racistas de fanáticos de la F1 en Barcelona durante los ensayos de pretemporada en 2008.

Pero no se quedó en su experiencia personal. El asesinato de George Floyd​, el afroamericano que fue asfixiado por el policía blanco Derek Chauvin en Minneapolis, lo impactó y movilizó. Apoyó que en Bristol (Inglaterra) derribaran y arrojaran al mar el monumento de Edward Colston, un traficante de esclavos del siglo XVII. Y exhortó a la clase política para que «retiren en forma pacífica estos símbolos racistas».

En su cuenta de Instagram, escribió: «Los que somos negros, morenos o en el medio lo vemos todos los días y no deberíamos sentir que nacimos culpables, que no es nuestro lugar, ni temer por nuestras vidas por el color de nuestra piel».

También marcó la falta de apoyo de sus compañeros en la F1. «Ni una sola señal de nadie en mi actividad, que por supuesto es un deporte dominado por los blancos. Soy la única persona de color y estoy solo. Pensé que a esta altura ya habían visto por qué pasa esto y habrían dicho algo al respecto, pero no pueden apoyarnos. Nos vamos conociendo», los reprendió en plena pandemia y con la actividad paralizada.

Pero aquel mensaje finalmente penetró: desde que comenzó la temporada, antes de cada Gran Premio los pilotos posan -algunos con una rodilla apoyada en el piso- con remeras negras para manifestarse en contra del racismo. La Fórmula 1 también recogió el guante y lanzó esta temporada la campaña “We Race As One”, expuesta con cartelería en cada circuito. Y Hamilton salió en cada circuito con una Flecha negra, por el compromiso de Mercedes de alertar sobre la problemática también a través del color de sus autos.

FK





Fuente: Clarin.com

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