la pasó mal con Argentinos en una cancha y en la otra le volvió a ganar a River


Jugaron en el Monumental, en la Bombonera, en terrenos neutrales y hasta en Madrid. Esta vez jugaron en dos canchas distintas pero también se enfrentaron. Porque el país futbolero parece atrapado en Boca y River. Porque el superclásico de la semana pasada que dejó mejor parado a los de Miguel Russo de cara a la fecha final se ofrecía como apenas un aperitivo rumbo al morbo mayor, al escenario que se iba formando en el imaginario colectivo: una revancha copera, en el Maracaná y con la Libertadores en juego.

Ese vértigo que se empuja desde los medios de comunicación, que se alimenta en las redes sociales y que mantiene activa la maquinaria de un fútbol argentino devaluado, a veces olvida un detalle clave: además de Boca y River hay otros equipos.

Por eso el 3-0 de Palmeiras en la ida contra River fue un cimbronazo que dejó tambaleando los planes establecidos. Y el triunfo de Independiente en la cancha de Banfield empujó otra ficha en el dominó de un equipo como el de Gallardo que parecía imposible de voltear.

¿Y si no hay final de Libertadores entre los dos gigantes? ¿Y si un rival serio como Argentinos Juniors se anima a jugar de igual a igual y sueña hasta el último minuto con ocupar el lugar que nadie imaginaba como suyo?

Fue una definición con pasiones en aumento y un pico final vibrante, con corte de luz incluido.

La primera emoción llegó cuando Gabriel Hauche tiró el centro en La Paternal, Diego Sosa anticipó y salió a gritar el 1-0 del Bicho. Mientras, en Banfield, Franco Armani tenía su única buena intervención de la noche y le tapaba el mano a mano a Alan Velasco, el pibe de Independiente que tuvo su partido soñado.

Por un rato, por 15 minutos, Argentinos tuvo en su mano el pasaje a la final. Hasta que Cardona se iluminó. Y el colombiano invitó a Mauro Zárate a salir del rol de reparto y convertirse en protagonista. El festejo xeneize fue completo porque en simultáneo Velasco la clavó al ángulo e Independiente, que en la previa era un invitado a la fiesta ajena, pega el grito.

La emoción crecía a doble pantalla. Y el torneo que no motivaba a nadie empezó a generar cosquilleos. En el estadio Diego Maradona, Agustín Rossi se aferra a un peligroso centro cruzado mientras en el Florencio Sola el derechazo de Velasco que parecía no llevar peligro, le pica antes a Armani y se le escurre por arriba al arquero que nunca fallaba y ahora es reincidente.

Con el 2-0 de Independiente todos los focos se estacionaron en La Paternal. Y allí Wanchope Ábila se resbala en el punto penal y estira el suspenso.

El delantero tuvo revancha y supo tener la cabeza fría cuando en el segundo tiempo recibió un regalo de la defensa local. La doble gambeta del 9 aplasta la pifia. Y Boca, que hace una semana parecía noqueado por River y era mirado de reojo por los de afuera, se anima ahora a sumar certezas.

Porque Miguel Russo, más allá de todo lo que debió sufrir desde el bombazo de Fausto Vera hasta el pitazo final, ahora tendrá tiempo de disfrutar del panorama completo. Podrá recordar el título de la Superliga, destacar que terminó el choque de ida ante Santos con el arco en cero, viajar con el ánimo en alza a Brasil, sumar opciones de lujo con Zárate, Ábila y Cardona. Y de yapa saber que jugará la final para volver a gritar campeón en el torneo local.

A River le pegan los tiros en los palos. Ponzio se aprieta el rostro con las dos palmas. Nacho Fernández se lamenta. Gallardo mastica bronca. Y Argentinos se anima después del breve corte de luz que irrumpe justo tras el 2-2 y le da un condimento épico al final del cuento. 

No se enfrentaron pero sí se enfrentaron. Y a su manera, Boca le ganó a River otra vez.



Fuente: Clarin.com

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