La intimidad de aquella renuncia de Ramón Díaz en River: tensiones y el portazo que le hizo lugar a una era gloriosa


«Es el técnico más ganador de la historia de River. Hacé algo para que se quede», lanzó de su boca un joven veinteañero que caminaba con la mirada perdida por el playón externo del Monumental.

«Se fue solo, yo no lo eché», respondió Rodolfo D’Onofrio​, quien había bajado hacía instantes de su oficina en el primer peso e iba a subirse a su camioneta para dirigirse a un acto en la Facultad de Económicas en el que oficiaría como uno de los oradores.

«Ponete de rodillas si es necesario», le suplicó una mujer que también daba vueltas por allí.

«De ninguna manera. Jamás haría eso», retrucó el presidente de River, antes de irse.

River había entrado en estado de shock la tarde del 27 de mayo de 2014. Pasado el mediodía Ramón Díaz había oficialmente sorprendido a todos cuando luego del entrenamiento matutino con el plantel subió al primer piso del Monumental, ingresó a la oficina presidencial y dijo que se iba.

“Ya cumplí con los objetivos, salí campeón, renuncio”, espetó el riojano, dejando atónitos a D’Onofrio, Matías Patanian (entonces vicepresidente segundo) y a Enzo Francescoli. La reunión, a la que Ramón llegó acompañado de su hijo y principal ayudante de campo, Emiliano Díaz, y su representante de ese momento, Adrián Castellanos, duró menos de cinco minutos. Se iba a hablar del futuro para empezar a delinear los trabajos de pretemporada y el plantel que en el semestre siguiente afrontaría el torneo local y la Copa Sudamericana, con miras al regreso a la Copa Libertadores al año siguiente.

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Todo cambió en cuestión de segundos. Los dirigentes, a quienes les terminaron cayendo pesados los sándwiches que habían comido instantes antes, tuvieron que modificar obligadamente el rumbo. Y buscar nuevo entrenador…

Con el correr de las horas, de todos modos, se especuló con que puertas adentro, la sorpresa no había sido tan gigante. Es que no eran pocos los que marcaban que la relación entre la dirigencia y Ramón era algo forzada y, por momentos, tirante. Y que por la personalidad de cada uno era difícil que convivieran el riojano y Francescoli. Todo muy distinto al vínculo que surgió con el paso del tiempo, que pareció mejorar a la distancia. Incluso hoy los dirigentes no parecen guardar rencor y tanto Ramón como Emiliano les tiran flores a través de las redes sociales y de los medios de comunicación. Hasta ambos fueron invitados a ver algún Superclásico en el mismísimo palco presidencial. Y más de una vez D’Onofrio elogió a Emiliano por la planificación táctica de los partidos, que en muchos casos estaba a cargo de él, ya que observaba todos los detalles del juego de los rivales .

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“Ramón Díaz: harto de las presiones de los dirigentes, les pasó factura”, tituló Clarín el miércoles 28 de mayo de 2014. Unos días antes, en una entrevista con este medio, Ramón había dicho: “Un consejo que le puedo dar al presidente y a la Comisión Directiva es no quedarnos con lo que hicimos porque las exigencias en River son muy grandes”. Más que un consejo, se asemejó a una actitud desafiante. Y Ramón venía de ganar el torneo local, que devolvía a River a los primeros planos, luego de seis años de sequía y de haber pasado por el infierno. “River vuelve a ser River”, se frotaban las manos los dirigentes, slogan de campaña.

Es que todo era algarabía en Núñez, aquella semana de mayo. El domingo 18, luego de vencer a Quilmes 5-0 en Udaondo y Figueroa Alcorta, River fue campeón del torneo Final 2014. Los festejos se prolongaron, vuelta olímpica en micro descapotable incluida. Con ese ómnibus de Chevallier, ploteado para la ocasión, los futbolistas, con el capitán Fernando Cavenaghi a la cabeza y el cuerpo técnico ingresaron al salón Ocre de La Rural la noche del martes 20 de mayo para festejar la obtención de la estrella 35 en ligas locales. Hubo 1.300 personas. No faltaron los canapés, los platos gourmet, el postre, el champagne, la cumbia, los videos de momentos emblemáticos del torneo -como el gol de Ramiro Funes Mori en la Bombonera, donde River había vuelto a ganar tras diez años-. Pero faltó la palabra de Ramón, quien no subió al escenario.

Los festejos de los jugadores de River a bordo de un micro descapotable. Foto: Archivo Clarín.

Los festejos de los jugadores de River a bordo de un micro descapotable. Foto: Archivo Clarín.

Al menos dos veces quedaron expuestas las diferencias públicas entre Ramón y la dirigencia. Una, luego de una dura derrota en Santa Fe ante Colón por 3 a 1. Ahí el equipo hizo un clic. Al partido siguiente se ordenó con el clásico 4-3-1-2, con el Lobo Ledesma, uno de los preferidos de Ramón, como único cinco; Carbonero y Rojas como laderos; Lanzini de enganche y Teo Gutiérrez y Cavenaghi arriba.

Ramón y su hijo. Juntos fueron campeones en River en 2014. Emiliano fue clave para planificar tácticamente varios partidos. (Foto: Diego Haliasz / Prensa River)

Ramón y su hijo. Juntos fueron campeones en River en 2014. Emiliano fue clave para planificar tácticamente varios partidos. (Foto: Diego Haliasz / Prensa River)

La otra fue cuando tras una victoria de local por 2-0 sobre Atlético de Rafaela, en el propio campo de juego Ramón ponderó a Los Borrachos del Tablón, la barra brava de River. Le exigieron que se rectificara porque en caso contrario estaban dispuestos a despedirlo. Y a las pocas horas Ramón se rectificó diciendo que quiso saludar a la gente de River y no a la barrabrava.

Ramón sonríe junto a Cavenaghi, emblema de aquel equipo, en la premiación del torneo Final 2014 en el Monumental. El riojano había pedido por la vuelta del delantero cinco meses antes. Foto: Marcelo Carroll.

Ramón sonríe junto a Cavenaghi, emblema de aquel equipo, en la premiación del torneo Final 2014 en el Monumental. El riojano había pedido por la vuelta del delantero cinco meses antes. Foto: Marcelo Carroll.

La semana de mayo continuó en San Luis. Entre empanadas y locros se disputó la súper final que daría un nuevo título como campeón de la temporada y contaría como copa nacional. Además, daría un cupo a la Copa Sudamericana de ese año. River se enfrentó a San Lorenzo (ganador del Inicial 2013) en la noche del sábado 24 y le ganó 1-0 con un gol de cabeza de Germán Pezzella. Otro título. Dos en seis días. Y los jugadores, para vitorear a Ramón lo revolearon por el aire como a un recién casado. Al día siguiente (25 de mayo), se festejó con ganas el 113 aniversario del club.

Los jugadores tiran por el aire a Ramón Díaz, tras la consagración sobre San Lorenzo en la súper final de San Luis.Foto: Marcelo Carroll.

Los jugadores tiran por el aire a Ramón Díaz, tras la consagración sobre San Lorenzo en la súper final de San Luis.Foto: Marcelo Carroll.

Todo era felicidad. Y las aguas del río parecían calmas. La tranquilidad retornaba a Núñez. Pero Ramón había empezado a dar señales que casi ninguno captó. A su cuerpo técnico le hablaba de la importancia de que hubiera un grupo unido. Que sin esa unión era difícil conseguir logros importantes por más que hubiera figuras. Y temía que le desarmaran el plantel y que no se pusieran de acuerdo en los refuerzos. Mucho más, después de que la dirigencia anunciara públicamente que necesitaba vender por al menos 120 millones de pesos para equilibrar los números. Y en el vestuario del estadio Juan Gilberto Funes de La Punta, antes de la superfinal, les dijo a sus colaboradores más cercanos: “Si ganamos hoy, ojo que no haya una bombita, eh”. O, refiriéndose a D’Onofrio, comentaba: “¿Y el viejo qué dice? Lo voy a dejar con las ganas”. También, hubo quienes afirmaron que su idea era irse ganador, tal como se fue.

Ganador. Así se fue Ramón Díaz de River. Foto: Marcelo Carroll.

Ganador. Así se fue Ramón Díaz de River. Foto: Marcelo Carroll.

Ramón venía madurando la renuncia. Y a las siete de la mañana del martes 27 de mayo, antes de retomar las prácticas con el plantel, que tenía por delante un amistoso con Boca en el Azteca de México (se jugó el sábado 31 de mayo), luego de comunicarles a sus ayudantes la decisión, le pidió a Osvaldo Menéndez, el jefe de prensa que había llegado de su mano y con quien había trabajado también en San Lorenzo, que le buscara un hotel para hacer una conferencia de prensa. Finalmente se hizo en el Salón Auditorio del Monumental la tarde siguiente (la del miércoles 28) en la que agradeció. “Pusimos a River en lo más alto”, dijo también, para asegurar que ese era su objetivo. Pero no dio demasiadas explicaciones de su portazo.

Apenas un año después de su vuelta, esa que le había costado diez años luego de que José María Aguilar le marcara la puerta de salida al no renovarle el contrato a mediados de 2002, Ramón se despedía de River. En el Monumental había incertidumbre y conmoción. Justo cuando se había empezado a recuperar, volvían a sobrevolar los fantasmas tras la salida del que hasta ese momento era el técnico más ganador de la historia. “¿Y ahora qué?”, se preguntaron muchos. Lo mejor, de la mano de Marcelo Gallardo​, estaba por venir…



Fuente: Clarin.com

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