La historia de Gian Carlo Minardi, el dueño de la Cenicienta eterna que jamás subió un podio en la Fórmula 1


Nunca ganó una carrera ni llegó a un podio de un Gran Premio. Pero en sus dos décadas en la Fórmula 1, Minardi se ganó un lugar entre los fanáticos del automovilismo alrededor del mundo. Se referían a la escudería de Faenza como a la Cenicienta de la parrilla, por su condición de eternos últimos, pero era querida también dentro del paddock por su espíritu familiar: mientras los poderosos planteaban presupuestos millonarios para pelear el título, la Minardi festejaba como triunfos aquellas carreras en las que conseguía algún punto.

A los largo de 340 competencias, el equipo de Gian Carlo Minardi apenas alcanzó 38 unidades y sus mejores ubicaciones fueron tres cuartos puestos: San Marino y Portugal 1991, con Pierluigi Martini, y Sudáfrica 1993, con Christian Fittipaldi.

El sueño que nació mucho antes de que en 1985 lograra insertarse en la Fórmula 1 duró hasta 2005, cuando Red Bull la convirtió en Toro Rosso (luego Alpha Tauri). Aunque la crisis había comenzado antes, cuando ese espíritu competitivo no le pudo hacer frente a una F1 cada vez más comercial y económicamente excluyente.

Faenza, la cuna de Minardi

No es Roma pero está rodeada de iglesias. No es Venecia pero tiene su Torre dell’ Orologio. Faenza es el pueblo de 60 mil habitantes que está a menos de una hora de las playas del Mar Adriático donde nació Gian Carlo Minardi hace 72 años. La historia familiar siempre estuvo vinculada a los autos y por eso no pudo escaparle a su destino. Después de graduarse en Contabilidad en 1966, el primogénito de Giovanni Minardi y Elena Marina comenzó a trabajar con su madre en la gestión en la empresa familiar: el concesionario FIAT «Giuseppe Minardi & Fratelli», fundado en 1927 por Giuseppe, Vincenzo y Luigi Minardi, el abuelo y los tíos abuelos de Gian Carlo.

Los 19 años de Gian Carlo lo empujaban a buscar nuevos retos y no tardó en subirse a un auto de carreras. En un Fiat 124 corrió algunos rallies locales pero poco después, en una competencia de la Fórmula 850 en 1967, sufrió un accidente que no le dejó secuelas físicas pero sí emocionales suficientemente importantes para entender que su lugar estaba a un costado del auto y no precisamente en la mecánica.

En 1972, con 25 años y dos de casado con Mara, no desaprovechó la oportunidad que le presentó Alteo Dolcini de administrar junto a su hijo Franco y Giovani Liverani la Scuderia del Passatore. Minardi aceptó y además de mantener al equipo en la Fórmula 3 lo inscribió en la Fórmula Italiana, donde todos corrían con el mismo auto (un Fiat 1800).

Allí, justamente, Giancarlo Martini ganó el título en la temporada 1973, con 14 victorias en 22 pruebas, lo que permitió un despegue del equipo administrado por Minardi. La empresa de repuestos Everest, presidida por Angelo Gallignani, puso su ojo en él. Si bien Dolcini no aceptó cambiar el nombre, sí sumó el patrocinio, lo que representó una inyección económica para meterse en la Fórmula 2, la antesala de la F1.

La fábrica de Faenza en 1979, antes de cumplir con el sueño de la Fórmula 1. Foto: Gentileza Minardi

La fábrica de Faenza en 1979, antes de cumplir con el sueño de la Fórmula 1. Foto: Gentileza Minardi

Poco después, en 1974, se produjo un encuentro clave: el de Gian Carlo con Enzo Ferrari con el objetivo de promover jóvenes pilotos italianos. El Drake le dio una Ferrari F1 B3 y también la posibilidad de usar la pista de Fiorano para probar los coches de F2.

En su apretada agenda de 1975, Minardi debía dividir sus responsabilidades entre el Campeonato Nacional de Fórmula Italia, el Campeonato Europeo Fórmula 2 y las sesiones de prueba de la Ferrari B3 en Imola y Misano, mientras mantenía su trabajo part-time de seis horas en el concesionario familiar.

Giancarlo Martini, Gian Carlo Minardi, Lamberto Leoni, Nonno Martini y Giovanni Liverani con la Ferrari B3 en Misano. Foto: Gentileza Minardi

Giancarlo Martini, Gian Carlo Minardi, Lamberto Leoni, Nonno Martini y Giovanni Liverani con la Ferrari B3 en Misano. Foto: Gentileza Minardi

Los resultados no fueron los deseados pero el ambicioso proyecto convenció a Gallignani de poner más dinero y consiguió renombrar el equipo como Scuderia Everest S.r.l..

Sin embargo, cansado de administrar equipos de otros entre 1972 y 1979, Gian Carlo dio el gran salto el 19 de diciembre de 1979: fundó su equipo, convocó a los ingenieros Franco y Giacomo Caliri y Luigi Marmiroli y creó su logotipo, un paralelogramo azul dividido en rombos con letras amarillas adentro y una bandera tricolor en la esquina inferior izquierda que luego mutó al viejo escudo de armas de la familia de un león con una cola de doble punta y una espada.

El primer monoplaza, el GM75, fue presentado en el Campeonato de Fórmula 2 por el argentino Miguel Angel Guerra, «el primer piloto en correr bajo la ropa del equipo Minardi», contó Minardi alguna vez. Y al siguiente año llegó el Minardi Fly M 281.

El primer auto. El G.M. 75 del debut de Minardi en el automovilismo. Foto: Gentileza Minardi.

El primer auto. El G.M. 75 del debut de Minardi en el automovilismo. Foto: Gentileza Minardi.

Si bien en la pista había grandes resultados, las dificultades económicas sin ningún prestamista que quisiera apoyar el loco sueño del muchacho de Faenza afloraron. A las últimas carreras de esa segunda temporada, Minardi llegó sin fondos. Por eso, pensó en tirar la toalla.

Hasta que un conocido industrial de la zona se unió para vincular su marca. Eso y el primer (y único) triunfo de la nueva escudería, a cargo de Michele Alboreto en el circuito de Misano Adriático, fueron el empujón necesario para mantener viva la ilusión de estar en la F1, que tomó forma en 1984 y se concretó un año después apoyado «por un grupo de empresarios de Emilia-Romagna».

«Fue la culminación de un sueño que se hace realidad, además en Brasil, en Río de Janeiro, que por naturaleza ya es alegre y te permite soportar mejores dificultades y estrés debido al primer Gran Premio. Fuimos a Brasil con la inconsciencia de la primera vez, donde en cualquier caso lo hiciste bien porque todavía nos faltaba la experiencia. Venimos de una realidad muy diferente, de F2, mientras que ahora estábamos juntos con la verdadera historia de la F1, junto con Ferrari, Tyrrell, Brabham, Lotus, Williams. Todavía me gusta recordar hoy la mañana del 5 de abril de 1985 como el momento más hermoso de toda la historia de Minardi. Ese momento representó la coronación y la partida de un sueño al mismo tiempo«, recordó Minardi.

El 7 de abril de 1985, Pierluigi Martini, sobrino de Giancarlo, salió desde el último lugar de la grilla de partida y, aunque no terminó, en el box hubo alegría.

El primer Gran Premio. Minardi debutó en Brasil, en 1985. Foto: Gentileza Minardi

El primer Gran Premio. Minardi debutó en Brasil, en 1985. Foto: Gentileza Minardi

La caída de Minardi

Si bien en 1991 Ferrari le suministró sus motores V12, un hecho inédito hasta entonces en equipos privados pero propiciado por la gran relación de Minardi con Maranello, y consiguieron su mejor ubicación histórica en el campeonato (séptimo puesto), el sueño se esfumó 20 años después del debut y con varios pilotos de renombre en sus filas, entre ellos Fernando Alonso, Alex Zanardi y Giancarlo Fisichella, por nombrar algunos.

El apretado presupuesto en la Fórmula 1 obligó al italiano a desmembrar a su equipo para verlo sobrevivir a mediados de los ’90: se quedó con el 14.5% y Gabriele Rumi, un industrial metalúrgico de Brescia, compró las acciones mayoritarias, que en el 2000 vendió a Panamerican Sports Network, la extinta cadena de televisión PSN.

Aunque siempre se mantuvo como el director y la cara visible de su escudería, la Minardi dejó de ser Minardi cuando fue vendida a Paul Stoddart en el 2001. Si bien el magnate de la aviación mantuvo el nombre del equipo, en 2005 Red Bull compró ese lugar en la parrilla y lo renombró Toro Rosso, y desde el año pasado, Alpha Tauri, por lo que Minardi dejó de existir.

El australiano Paul Stoddart, empresario de la aviación, compró Minardi y luego la vendió a Red Bull. Foto: AFP

El australiano Paul Stoddart, empresario de la aviación, compró Minardi y luego la vendió a Red Bull. Foto: AFP

Gian Carlo, que en esos agitados años de Fórmula 1 cumplió con su otro gran sueño y presidió el club de fútbol Faenza FC del ascenso italiano, logró recuperar los derechos sobre el nombre del equipo en 2006 y todavía mantiene algunos contactos con la fábrica a las afueras de Faenza. Además, cada año desde 2016 realiza el Minardi Historic Day, donde reúne autos y pilotos históricos y al que en 2019 asistieron 15 mil personas.

«Con gran orgullo y satisfacción en todos esos años construimos nuestros autos y por esta razón, aún hoy, no veo positivamente la posibilidad de tener una grilla F1 compuesta por ensambladores y / o clones. Me alegro de que, cuarenta años después, el nombre Minardi todavía esté vivo en la memoria de los fanáticos, como nos lo han mostrado durante cuatro años durante el Día Histórico de Minardi», señaló en diciembre del año pasado, a 40 años de la fundación del «peor» equipo de la Fórmula 1.

Actualmente, Gian Carlo sigue comentando la Fórmula 1 en su web, a través de la sección «Il Punto di G. Minardi», y aporta su opinión como columnista deportivo en algunos medios. Además, es el presidente de la Comisión de Circuito de Velocidad en la Federación Deportiva Automovilística Italiana (ACI Sport). 

Un hilo rojo con Argentina

De los 22 pilotos argentinos que llegaron a la Fórmula 1, 15 lo hicieron entre las décadas del 50 y el 60, mientras que apenas tres la alcanzaron a finales de los ’90 y principios del nuevo milenio. Se trata de Norberto Fontana, Esteban Tuero y Gastón Mazzacane. Justamente, los últimos dos argentinos en el Gran Circo corrieron en Minardi.

Mientras que el de Caballito lo hizo en 1998, el platense debutó en el 2000 y, en diálogo con Clarín, recuerda el ambiente familiar que se vivía en la escudería de Faenza. «Gian Carlo fue un segundo papá que tuve«, afirma Mazzacane.

Gastón Mazzacane junto a Giancarlo Minardi y su hijo Giovanni, además de otros integrantes del equipo. Foto: Gentileza Minardi

Gastón Mazzacane junto a Giancarlo Minardi y su hijo Giovanni, además de otros integrantes del equipo. Foto: Gentileza Minardi

-¿Qué recordás de aquel primer contacto con Minardi?

-Mis recuerdos en la Fórmula 1 son imborrables, imposibles de olvidar. Vivo con ellos permanentemente. Desde mis inicios en el 99 junto a la familia Minardi, mi hospedaje en Faenza que fue algo muy lindo, en un pueblito a las afueras del sector del autódromo de Ímola, estábamos a 15 0 20 kilómetros y a 60 kilómetros de Bologna. Un lugar que estás a 20 kilómetros del Mar Adriático, muy lindo lugar. Me acuerdo obviamente hasta cuando me tocó manejar por primera vez el Fórmula 1. Me habían invitado a que esté participando de los ensayos junto a Luca Badoer y Marc Gené y pasado el mediodía me sentaron en el auto y me dijeron que era mi turno. Yo estaba contratado como piloto de pruebas y fue un momento único también porque en ese momento no me habían informado que me iba a subir al Fórmula 1 por primera vez.

-¿Y de tu primera temporada, en el 2000? ¿Qué diferencia notabas con el resto de los equipos?

-Tengo todo tipo de recuerdos del campeonato del mundo: viajes, carreras, muchas cosas lindas, alegría. Se vivía con mucho fervor lo que era carrera a carrera, siempre con muchísima disciplina y madurez. Había que cumplir horarios, teníamos una agenda muy apretada. Así también tengo decepción de algunos resultados, de algunas carreras; me toca recordar con bronca algunos abandonos o deserciones por problemas mecánicos y cuestiones que no dependían directamente de mí, y en algunos momentos cuando uno cometía errores. Tengo todo muy presente. Mi paso por la Fórmula 1 fue algo soñado y único. Haber logrado ser piloto de Fórmula 1 me enorgullece, fue un crecimiento absoluto en mi carrera deportiva. Y lo que quiero remarcar, porque es algo que me gusta mucho decirlo: la Minardi era familia y así la hacíamos notar en el circuito mundial. Y la diferencia con los demás equipos era totalmente económica y por ende estos valores hacían la diferencia deportiva pero no la humana.

-¿Cómo era tu relación con Gian Carlo?

-Nuestra relación fue muy directa y cercana siempre. Familiar. Siempre estuve muy cerca de su familia, porque él estaba siempre con su mujer y su hijo, y yo había notado que me habían adoptado. Para mí fue un segundo papá que tuve. Aún tenemos mucha cercanía, relacionándonos permanentemente, y hace unos años Minardi organiza un evento que se llama Minardi Historic Day, que es un evento único donde convoca a pilotos de Fórmula 1 de diferentes épocas en el autódromo de Ímola. Lleva todos sus Minardi de sus veintipico de años en la Fórmula 1 y a la vez los mezcla con autos de Fórmula 3 y Turismo de diferentes épocas, también pone autos viejos de carrera, autos clásicos. Y me invita todos los años a ser parte. En 2017, algo increíble que no me voy a olvidar y fue muy emocionante para mí fue volver a manejar el M02, el auto en el que cual yo corría en el año 2000, totalmente original de cuando yo lo hacía con mi butaca, mi apoyacodos, mi volante, mi pedalera, creo que hasta era mi butaca. Fue un regalo que me hizo increíble, inolvidable.

-¿Cómo era Minardi como director, como lo veían en el paddock?

-Siempre estuvo bien visto ante los demás equipos y jefes de la Fórmula 1 de todas las épocas. Vos calculá que Minardi desde que empezó ha pasado por diferentes etapas de la Fórmula 1, diferentes reglamentaciones, diferentes jefes de equipo. Y ha atravesado innumerables pistas del mundo. Para mí, fue un soldado de diferentes guerras de décadas pasadas. Es un hombre muy combatiente, con mucha convicción. Y eso es necesario para mantenerse dentro de la Fórmula 1, con los grandes de la historia como Ferrari y McLaren. Después vinieron los equipos nuevos con los que hoy Minardi no tiene nada que ver.

MFV



Fuente: Clarin.com

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