la angustia de Gael Monfils y cómo la falta de confianza puede apagar a los mejores del mundo


Fue una situación muy dura ver hace unos días a Gael Monfils quebrado, triste y angustiado en la conferencia de prensa del Abierto de Australia después de haber perdido en su primera ronda. Porque se lo tiene como un gran competidor, un jugador que también tiene un espíritu alegre y combativo, pero, por sobre todo, alguien que entiende la espectacularidad, el show, la frescura. Sin embargo, Monfils no pudo ocultar su tristeza. Acongojado, apenas pudo expresar que vive una pesadilla y que no sabe cómo hacer para salir.

Para entender un poco lo que viene atravesando hay que explicar que el año pasado fue de los mejores jugadores en el comienzo de la temporada que cortó en forma abrupta el coronavirus. Ganó dos títulos, en Montpellier y en Rotterdam, y perdió en las semifinales en Dubai. Eso ya fue allá por fines de febrero. En Dubai perdió ante Novak Djokovic y, dicho sea de paso, en un gran partido.

Esa semana fue para Monfils el último lindo recuerdo que tuvo del tenis porque a partir de ahí sucedieron todas primeras rondas después de la reanudación del tenis en la pandemia. Roma, Hamburgo, Roland Garros y Viena en 2020; y la racha negativa continuó en la Copa ATP en esta temporada y, ahora, en el Abierto de Australia.

Por eso hablar de la confianza en un tenista o lo que significa la confianza en el tenis y en un deporte individual, es realmente algo importante de analizar. La confianza es una palabra muy usada, pero también es un tema muy temido, hasta a veces preocupante y desesperante cuando justamente se viven momentos opuestos.

Monfils se quebró ante la prensa, tras caer en su debut en Australia ante Emil Ruusuvuori. Foto REUTERS/Jaimi Joy

Monfils se quebró ante la prensa, tras caer en su debut en Australia ante Emil Ruusuvuori. Foto REUTERS/Jaimi Joy

Las primeras rondas para el tenista en un torneo tienen una asociación directa con la confianza. Cuando las derrotas en las primeras rondas se suceden se multiplica esa sensación de preocupación, temor, miedo. Los golpes pierden libertad y, por lo tanto, todo el rendimiento cae considerablemente. Por eso se les teme tanto a las primeras rondas porque justamente pueden llevar a un período de desconfianza del que nadie está exento. Y creo que Monfils, con sus lágrimas y desesperación, les puso a todos por delante claramente la parte humana y la parte real de lo que se padece cuando se viven esas situaciones.

Por eso para un tenista construir esa estabilidad, como muchísimas cosas en la vida que son muy preciadas, cuesta muchísimo tiempo. Pero es una cuestión de minutos perderla. Y en eso, justamente, el tenista, al estar solo adentro de una cancha, se queda sin ese salvavidas, sin esas redes de contención de tener un compañero que lo ayude o que haya un reemplazo eventualmente como sucede en otros deportes.

Por eso al tenista hay que recordarle que ningún triunfo se le debe subir a la cabeza y que ninguna derrota debe bajar al corazón. Eso ayuda a que ese medidor constante que tienen que es justamente la confianza esté siempre por lo menos en una zona verde, como positivo.

Se podría apelar a aquella famosa frase de Gastón Gaudio que podría bien utilizar Gael Monfils: “Qué mal la estoy pasando”. Pero a Monfils hay que decirle también que, como todas las cosas en la vida, ni lo bueno ni lo malo dura para siempre. El apoyo que le dio la gente y la confianza que le da también su entorno harán que Gael Monfils, en algún momento -y muy pronto-, vuelva a sonreír.

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Fuente: Clarin.com

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