Jefferson Pérez, la leyenda que cambió el deporte de Ecuador y hoy ayuda a su gente


Jefferson Pérez cambió la historia del deporte de Ecuador hace 24 años. Aquel viernes 26 de julio de 1996, en los Juegos Olímpicos de Atlanta, el marchista logró la primera medalla olímpica para su país. Y fue nada menos que la de oro. La gloria se transformaría en leyenda cuatro años después, con la plata en Beijing 2008. Y hoy recuerda su primer impacto en un nuevo aniversario.

«En Atlanta no solo ganamos una medalla. Vencimos complejos, paradigmas y (un sentimiento de) inferioridad, que habían sido implantados en nuestra mentalidad tan fuertemente», aseguró Pérez. Fue la primera medalla olímpica de un país que trataba de salir de crisis económicas y políticas, y que vio en su humilde medallista un símbolo de que sí podía salir adelante.

«Qué mejor ejemplo que el de mi madre, una mujer humilde, no vidente, con 5 hijos, sin formación académica, pero que con su esfuerzo nos sacó adelante y nos hizo profesionales», evocó Pérez sobre la verdadera esencia del mensaje de aquel triunfo, en un reportaje con la agencia española EFE.

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Cuando empezó a preparar los Juegos de Atlanta, pidió al Comité Olímpico local un equipo multidisciplinario. ¿Qué les respondieron? «¡Casi nos pegan un tiro!», recuerda. Y cuenta lo que le dijeron entonces: «¿Qué te crees? Un equipo multidisciplinario es para los grandes equipos de fútbol, para las grandes selecciones… Tú tienes que entrenar y se acaba todo allí».

Pérez, entonces de 22 años, reconoce que hubo muchos conflictos con las organizaciones deportivas, pero que gracias al triunfo en Atlanta todo cambió y que con ello se abrió el camino para los deportistas de alto rendimiento, que hoy sí tienen ya sus equipos multidisciplinarios.

Con humildad, el exdeportista tuvo una vida de «necesidades» y llegó a la marcha a los 14 años con el objetivo de aprobar unas materias en el colegio. «Le agradaba más correr, pero gracias a sus primeros y excelentes resultados, lo convencimos por la marcha», dijo su primer entrenador, Luis Chocho.

Jefferson Pérez, el día de su hazaña en Atlanta 1996, hace 24 años.
Foto: AP

Jefferson Pérez, el día de su hazaña en Atlanta 1996, hace 24 años.
Foto: AP

Hubo un momento en que decidió trabajar por las mañanas y estudiar por las noches, pero luego de quince días fue campeón mundial juvenil en Seúl 1992 y cuando regresó a Ecuador decidió dedicarse al alto rendimiento de manera profesional.

Ese triunfo le abrió las puertas de la Universidad de Azuay y le valió el auspicio por cuatro años de un empresario local, con lo cual superó dos necesidades. «Poder estudiar y poder alimentarme. Gracias a Dios, aproveché ese respaldo», cuenta.

Proveniente de una clase social «muy limitada económicamente, pero no limitada de sueños, trabajo, honestidad, transparencia, esfuerzo y todos esos principios que finalmente sirven para cualquier actividad», el atleta había quedado huérfano de padre a los 13 años, por lo que su madre tomó el «control» de la familia.

«Literalmente nos sacó adelante. Uno de ellos (habla de sí mismo) fue seis veces campeón mundial gracias a esos valores», rememora.

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En una conversación desde su vivienda en la ciudad de Cuenca, que construyó gracias al apoyo de la ciudadanía, Pérez, que participó en todos los Juegos Olímpicos desde Barcelona 1992 hasta Beijing 2008, insiste en que lo importante nunca fueron las medallas, sino lo que estás esconden detrás.

Como ejemplo pone la presea de plata que obtuvo en Pekín, a los 34 años, al entrar en la línea de meta detrás del atleta ruso Valeriy Borchín, años después acusado de doping. Ecuador llegó a reclamar que se le concediera el oro a su atleta, pero el TAS hizo efectiva la anulación de resultados solo desde 2009.

El ecuatoriano Jefferson Perez recibe la felicitación del argentino Juan Manuel Cano tras ocupar el segundo puesto y lograr la medalla de plata en la marcha de Beijing 2008.
Foto: EFE

El ecuatoriano Jefferson Perez recibe la felicitación del argentino Juan Manuel Cano tras ocupar el segundo puesto y lograr la medalla de plata en la marcha de Beijing 2008.
Foto: EFE

«Lo más importante para mí no es la medalla metálica. Lo más importante es tener la medalla en la conciencia y haber hecho de manera transparente el esfuerzo», indicó Pérez sobre ese episodio.

Dedicado a los negocios y a dictar cursos ante organismos deportivos y sociales, Pérez ha vivido siempre de acuerdo al lema de que «es mucho mejor que no te den lo que te mereces, a que te den lo que no te mereces».

Y agrega: «Es mejor tener una medalla a la dignidad, a la honestidad, a la transparencia. Eso es permanente, mejor que buscar tener una medalla metálica bañada de sospecha de dopaje».

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Pérez, que estudió Administración de Empresas y Ciencias Políticas, y que tiene dos posgrados, vive hoy de la empresa de marketing deportivo que creó hace 18 años, de una empresa de comunicación y de la construcción.

«Dios ha sido muy generoso y lo que he hecho ha sido vivir con dignidad. No vivo con lujos, de hecho, la casa actual en la que vivo fue construida con donaciones de la ciudadanía hace unos 26 años», resaltó.

Lo consiguió gracias a una radio maratón en la que la gente, muy amable y solidaria, le regalaba cemento, ladrillos, puertas y ventanas para construir su casa. «Sigo viviendo en ella. Tenemos una empresa de construcciones, pero esta casa tiene espíritu», indicó. El mismo espíritu que le llevó a crear la fundación «Jefferson Pérez» de ayuda social hace 15 años.

Con información de EFE

HS



Fuente: Clarin.com

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