Historias de mujeres que quisieron jugar en el fútbol masculino y no pudieron superar el muro de la FIFA


Antes del Mundial de Francia​, el año pasado, la arquera de la Selección Gabriela Garton no jugaba en ningún club. En 2017, por el trabajo de su esposo, se había mudado a San Luis y, desde entonces, había comenzado a entrenarse con el equipo masculino de Sol de Mayo a sabiendas de que nunca podría ponerse los guantes durante un partido porque la liga local prohíbe los equipos mixtos. 

A diferencia de lo que ocurrió con la ahora futbolista del Essendon Royals australiano, hubo mujeres que quisieron jugar en ligas masculinas y clubes que se propusieron contar con ellas. Pero chocaron contra el paredón de la FIFA, que sigue sin plantearse seriamente el fútbol mixto, pese a que la competencia de niñas, niños y adolescentes se desarrolla en diferentes países del mundo. Solo por citar algunos ejemplos, en Dinamarca no hay límite de edad en equipos mixtos mientras que el tope de edad en Holanda y Suiza es de 19, en Inglaterra, de 18 y en Alemania e Italia, de 17, edades en las que no es raro ver futbolistas profesionales.

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Uno de esos sueños que la FIFA ​derrumbó fue el de la mexicana Maribel Domínguez. En 2004, Atlético Celaya, un equipo de la segunda división masculina, quiso ficharla y ella pidió que la dejaran intentarlo. La respuesta de Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA, fue tajante: «Si esta señorita quiere jugar entre los hombres, que lo haga. Pero no dentro de nuestra institución. No tenemos nada contra el hecho de que mujeres jueguen con hombres, pero no bajo la égida de la FIFA».

Un año antes, el Perugia de Italia -que ya había hecho intentos por las suecas Hanna Lungberg y Victoria Svensson- quiso contratar a la alemana Birgit Prinz. La solicitud no llegó a la FIFA porque la entonces jugadora de 26 años la rechazó, entre otras cosas para no involucrarse en una disputa legal con un organismo que la eligió como la Futbolista Femenina del Año en 2003, 2004 y 2005. Prinz, además, fue campeona del mundo con la selección femenina en 2003 y 2007.

Birgit Prinz durante un partido de caridad en Alemania con Michael Schumacher, en 2012. (Foto: Reuters)

Birgit Prinz durante un partido de caridad en Alemania con Michael Schumacher, en 2012. (Foto: Reuters)

Stéphanie Labbé, arquera del seleccionado canadiense en Francia 2019, también lo intentó. Después de muchos años en el máximo nivel del fútbol sueco -uno de los más desarrollados del mundo a nivel femenino- y de lograr la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Río, quiso probarse en un equipo de hombres, según contó en «The players’ tribune» bajo el título «¿Qué pasó cuando intenté jugar al fútbol masculino?».

Labbé junto a sus compañeras en el Mundial de Francia del año pasado.

Labbé junto a sus compañeras en el Mundial de Francia del año pasado.

A comienzos de 2018 buscó un equipo que confiara en ella y, cuando parecía que el sueño no iba a concretarse, la contactó el Calgary Foothills, de la cuarta división estadounidense. «No te lo puedo garantizar, pero si demuestras que puedes jugar a este nivel, te juzgaré por tu habilidad. No me importa si eres un chico o una chica», le dijo Tommy Wheeldon Jr, el entrenador del club canadiense.

Aunque según contó tenía dudas sobre si podría «aguantar el volumen de entrenamiento», Labbé hasta consiguió jugar partidos amistosos. Pero antes del inicio del campeonato la liga le informó al club que no estaba permitida por la FIFA la incoporación de mujeres a equipos masculinos. «Claro que fue difícil que me dijeran que no podía jugar por algo para lo que no tenía ningún control, no podía volver a casa y trabajar en ello o cambiarlo ya que mi género es mi género«, le dijo luego a la agencia AFP.

Es ese reglamento de la FIFA el mismo que se actualiza constantemente pero que tiene una página (la número 3) con observaciones que se mantiene siempre igual. En ella se habla de las modificaciones permitidas a las reglas de juego que involucran «la dimensión del terreno de juego, el tamaño, peso y material del balón, la distancia entre los postes de meta y altura del travesaño, la duración de los tiempos del partido y las sustituciones». Allí, se equipara a mujeres futbolistas con «menores de 16 años, jugadores veteranos (mayores de 35 años) y jugadores con discapacidades».

Varias décadas antes de que lo intentaran Domínguez, Prinz o Labbé, la uruguaya Claudina Vidal rompió con los estereotipos de su Paysandú en 1971. Prima del entonces entrenador de la Institución Atlética Sud América, la uruguaya comenzó a entrenarse con el plantel masculino y hasta jugó amistosos de la liga sanducera. Ella, incluso, asegura que llegó a disputar partidos oficiales pero no hay registros oficiales de la liga que lo comprueben ni tampoco información en los diarios locales, que no se interesaban por la actualidad de la IASA ni de sus rivales.

Un examen humillante con la excusa de la competencia justa entre mujeres

Hubo también otras futbolistas que, sin siquiera pensar en jugar en un equipo de hombres, fueron señaladas en sus propias ligas por su físico. Uno de los casos más conocidos es el de la surcoreana Park Eun-sun, una delantera de 1,82 metros que sufrió un boicot en 2013, cuando seis de los siete técnicos de la liga coreana femenina pidieron que demostrara que no era un hombre. 

«Me duele el corazón y es humillante. He pasado por las pruebas de género muchas veces y competí en la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Sé que estas personas están tratando de destruirme… Pero he trabajado muy duro para llegar hasta aquí y no me voy a dar por vencida tan fácilmente», se descargó ella en Facebook, mientras que su equipo, el Seoul City, calificó el boicot como un atentado contra los derechos humanos. A los 15 años, Park Eun-sun ya se había sometido a un examen para demostrar que era mujer, estudio que tiempo después fue incorporado por la FIFA.

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El 8 de junio de 2011, a días del inicio del Mundial femenino en Alemania, la federación que rige al fútbol en el mundo publicó el Reglamento de Verificación de identidad sexual, como respuesta a la propuesta que presentó la Comisión de Medicina al Comité Ejecutivo en su reunión del 30 de mayo.

«Los andrógenos, u hormonas sexuales masculinas, promueven e intensifican el rendimiento, especialmente en aspectos como la fuerza física, el vigor y la velocidad, una situación que puede proporcionar ventaja e influir en el resultado de los partidos. Para mantener la integridad del fútbol hay que garantizar que todos los jugadores cumplan con los criterios de participación respectivos», indicaba el documento.

No solo eso: se planteaba la obligatoriedad de presentar documentos requeridos para una investigación pormenorizada (historial médico, niveles de hormonas sexuales, diagnosis, tratamiento y resultados actualizados) y un examen humillante «para la verificación de la identidad sexual de todos los futbolistas, siempre que exista una duda bien fundada». ¿Cuál sería una «duda fundada»? ¿La altura de Park Eun-sun, por ejemplo?

Aunque las diferencias entre los rendimientos de hombres y mujeres pueden ser más marcadas en deportes como el atletismo -donde Usain Bolt tiene el récord de los 100 metros al haber frenado el cronómetro en 9,58 segundos, mientras que nadie logró bajar los 10,49 de Florence Griffith Joyner en 1988-, en el fútbol no es igual, y así lo indican estudios científicos.

Paul Bradley, científico deportivo de la Universidad John Moore de Liverpool, es uno de los que analizó el rendimiento de los futbolistas y en 2013 publicó un artículo que compara estadísticas de partidos de Champions League entre hombres y mujeres.

Si bien encontró diferencias significativas en las fases de esfuerzo de alta intensidad -en lo que respecta a la distancia media recorrida-, reveló que había mujeres con un rendimiento que superaba al de los hombres. «Dado el enorme cambio en la naturaleza profesional de la liga femenina en los últimos años, esperamos cierta evolución en las métricas físicas. Especialmente dados los avances en ciencia del deporte, fuerza, nutrición y entrenamiento», le dijo el científico a la BBC.

Así y todo, siete años después hay quienes siguen cuestionando la diferencia física y no promueven un fútbol mixto e inclusivo.



Fuente: Clarin.com

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