Fuera de los playoffs tras 23 años, Popovich reinventó a los Spurs a contramano del estilo de moda en la NBA


Si bien es cierto que por primera vez en 23 años no logró meter al equipo en playoffs de la NBA y que el frío y amargo beso de la eliminación invita a pensar que finalmente llegan horas más oscuras a la franquicia que hicieron brillar Emanuel Ginóbili, Tim Duncan y Tony Parker, también es cierto que quedaron algunos destellos de luz al final del recorrido que permiten aventurar que para los Spurs de Gregg Popovich hay vida después de Manu.

La franquicia texana ganó 5 de 8 partidos en la burbuja y fue una verdadera sorpresa en Orlando. Sin LaMarcus Aldridge, su as de espadas; sin Trey Lyles, otro hombre de peso en la pintura, y sin Bryn Forbes, se las arregló con un grupo de jóvenes que fue -reconocido por el entrenador- a esta reanudación con el objetivo de privilegiar el desarrollo antes que obtener un pasaje a playoffs.

Y sin embargo el equipo estuvo al borde de lograrlo. Llegó a la última jornada de la mini fase regular con posibilidades cuando, en la previa, se descontaba su eliminación temprana, y llenó el futuro de esperanzas por lo que pueda hacer en el futuro cercano el viejo Pop con sus chicos.

Patty Mills, uno de los líderes de los Spurs post Manu Ginóbili, con Dejounte Murray y Derrick White. Foto Reuters

Patty Mills, uno de los líderes de los Spurs post Manu Ginóbili, con Dejounte Murray y Derrick White. Foto Reuters

DeMar DeRozan es un líder ideal para un equipo como San Antonio: sin estridencias, de bajo perfil y trabajo duro. Dos jóvenes que crecieron al cobijo de Manu Ginóbili y Tony Parker como Derrick White (25 años) y Dejounte Murray (23) también dieron un paso al frente.

Y en la burbuja se destaparon dos gratas sorpresas como Lonnie Walker (apenas su segundo año en la NBA) y el debutante Keldon Johnson. 

«Yo lo odio. Pero siempre lo odié. Llevo 20 años odiándolo». Popovich no transa con el triple. Lo dejó claro con esa frase en 2018. Su equipo lo sigue dejando claro el día de hoy: en esta temporada ha sido, de 30 franquicias, la tercera que menos usa el lanzamiento a distancia. Los Spurs tiraron 2.001 triples en esta campaña, casi mil menos que los reyes del rubro, los Houston Rockets.

De todos modos, y si bien es cierto que el rango amplio marca el ritmo en la NBA, no necesariamente es la fórmula del éxito. Los Lakers apenas lanzaron 200 triples más que San Antonio y son los número 1 del Oeste y grandes candidatos al título. Los Clippers, por su parte, tiraron 300 más que los Spurs y también son favoritos.

DeMar DeRozan, baluarte de los Spurs de Gregg Popovich. Foto AP

DeMar DeRozan, baluarte de los Spurs de Gregg Popovich. Foto AP

El secreto de los texanos pasa por el respeto a su filosofía y pequeñas adaptaciones necesarias. Porque Popovich es un hombre grande (71 años, de los mayores entrenadores de la NBA) que sabe por diablo tanto como por viejo.

Y si bien sus métodos predilectos pueden irse quedando en el tiempo ante el inevitable avance de un nuevo estilo, es consciente del material con que cuenta y de qué puede ejecutar con él.

Por eso llegó a verse a Rudy Gay (históricamente alero que en los Spurs juega de ala-pivote) como número 5; si bien fue en parte por necesidad, también es cierto que el coach dio ese paso. Por eso llegó a jugar con cuatro perimetrales: DeRozan, White, Murray, Walker y el gigante Jakob Poeltl como único interno. Una formación baja digna de los Houston Rockets.

Además, al margen de renegar del triple, lanzamiento usado en poco más de 3 de cada 10 posesiones, debe decirse que el equipo sí aumentó la utilización del recurso: tiró un 13% más desde el perímetro que en la temporada pasada.

LaMarcus Aldridge, el pivote -se recuerda que no participó de la burbuja-, es el mejor ejemplo: nunca había promediado más de un triple por partido y esta campaña lanzó a un ritmo de tres veces por noche.

Se hablaba de la sabiduría de Popovich para asumir qué tiene en el equipo y actuar en consecuencia. «Me encantó el ritmo y es necesario -dijo durante estos días-. Tenemos que jugar con ritmo (alto) porque no tenemos jugadores para el uno contra uno. No hay un jugador para darle la pelota y decirle «ganale a tu marca y anotá».

Y ahí volvió a surgir el tan mentado juego de equipo de San Antonio. Porque DeRozan ya no debió ser conductor absoluto, cualquiera de los otros tres guardias se pudo hacer cargo y eso llevó a buenos movimientos, un engranaje rico que avivó el fuego del juego en conjunto que caracterizó a la franquicia por más de dos décadas.

De hecho, pese a que el estilo de ataque parece distar del común de la liga, no fue un problema para San Antonio: con 111,7 puntos por cada 100 posesiones, su rating ofensivo fue el noveno mejor de la NBA.

Lonnie Walker IV, uno de los jóvenes prometedores de San Antonio Spurs. Foto AP

Lonnie Walker IV, uno de los jóvenes prometedores de San Antonio Spurs. Foto AP

El contraste se dio con una de las históricas fortalezas del equipo: el costado defensivo, en el que los 112,6 puntos cada 100 posesiones que permitieron los Spurs los ubicaron 24° entre los 30 equipos.

¿Se mantendrá lo que se vio en la burbuja? Sólo Popovich sabe si fueron apenas ensayos y si encontró alguna semilla que pueda dar frutos. Más importante incluso: ¿cuánto más seguirá Pop al timón? Desde hace algunas semanas se lo ha vinculado a una posible búsqueda de parte de los Brooklyn Nets.

Esas preguntas se irán respondiendo a futuro. Mientras tanto, con un legado que envuelve a la franquicia, San Antonio probó que tiene con qué seguir alimentando su cultura del éxito.

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MFV



Fuente: Clarin.com

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