Espanyol: Un competidor nato que quiere probar en los rallies y en el ring


Raúl de Tomás Gómez (Madrid, 17 de octubre de 1994) lleva el fútbol en la sangre. Su padre, también llamado Raúl pero conocido como ‘Beni’, jugó como mediapunta en diferentes clubes de Segunda B (Sanse, Tomelloso, Pegaso, Yeclano y Torrevieja) y su hermano Rubén es centrocampista. De niño, RdT actuaba como mediocentro en el San Roque, el equipo de su barrio (Barajas). Fue, precisamente, en un derbi contra el Alameda de Osuna, cuando un ojeador del Real Madrid se fijó en él.

Le emplazó a un torneo social y, tras su participación, llegó una carta para que hiciese la pretemporada con el alevín B. De Tomás siempre tuvo el corazón blanco, pero sus padres le abonaron al Rayo porque era más económico. De ahí que sus primeros recuerdos de Vallecas sean de Lopetegui, con su gorra, bajo palos. Ambos estaban destinados a encontrarse: primero en la Sub-19 (2012) y después, en el Madrid (verano de 2018).

A los ocho años, Raúl llegó a la cantera madridista y superó verano tras verano las cribas, esas que dejaron a muchos compañeros en el camino. Algo que le hizo madurar a pasos agigantados. Este madrileño, de ascendencia dominicana por parte de su madre Mila, estuvo casi cinco años interno en el colegio SEK, dejando atrás una infancia difícil rodeado de amistades algo problemáticas. 

Escudo/Bandera Espanyol

En clase coincidió con Pozo, después de repetir algún curso, mientras sus goles le abrían las puertas del Castilla y del primer equipo, con Ancelotti. Ironías del destino, debutó contra el Espanyol en Copa (29-10-14). No obstante, Zidane marcó su carrera. Era su ídolo y no haber respondido a sus expectativas sigue siendo una espina clavada.

Los hermanos De Tomás, en los simuladores.

Los hermanos De Tomás, en los simuladores.

Aprendió y creció en sus cesiones a Córdoba y Valladolid, pero en el Rayo explotó. Fue fundamental en el ascenso con 24 goles (un registro histórico) y logró 14 en su estreno en Primera. El pasado verano, el Madrid lo traspasó al Benfica, donde apenas ha podido demostrar todo su potencial.

Su piel le recuerda: «Sigue tus metas, cumple tus sueños, pero no olvides quién eres y de dónde vienes». Para ello, Pablo Arias vigila la preparación física y la alimentación del delantero, que se plantea probar como boxeador (los profesionales Eric Pambani y Damián Biancho le iniciaron en un deporte que ya practica) o piloto de rally (tiene dos simuladores de coches en casa) cuando cuelgue las botas el día de mañana.

Ahora su objetivo es salvar al Espanyol después de haber vivido dos descensos (Castilla y Rayo) y volver a engrasar esas botas del número 41. De momento se sacude los prejuicios: algunos piensan que es chulo, cuando en realidad es tímido y un competidor nato.



Fuente: As.com

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