El conflicto en el atletismo y la tristeza de que un influencer haga el trabajo de un dirigente


La polémica armada alrededor de la participación del equipo argentino en el Sudamericano de atletismo lleva a una patética conclusión que no hace más que ratificar una triste verdad que desde hace años está instalada. Esto es: que un influencer consiga la logística y el dinero necesarios para que un viaje pueda concretarse ilustra claramente la decadencia de la dirigencia deportiva nacional. Y hay más: ese mismo influencer –Santiago Maratea– tenía hasta hace pocos días una nula relación con el deporte y sólo un intercambio en las redes sociales con un par de chicas de gimnasia rítmica lo puso en alerta de una situación que explotó con el atletismo pero que es una bomba de tiempo en muchas otras disciplinas.

Esa misma dirigencia deportiva es la que aceptó la responsabilidad de ser sede de un Sudamericano en tiempos en los que todo el mundo sabía que la segunda ola de coronavirus estaba por llegar. Y que en lugar de elegir el Parque Olímpico para recibirlo optó por el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo sabiendo que, por estos días, decenas de atletas argentinos se entrenan en sus instalaciones buscando la mejor puesta a punto para los Juegos Olímpicos. ¿Burbujas sanitarias? Nadie lo pensó, aparentemente.

Estaba claro que la posibilidad de hacer el torneo en Argentina les daría a los atletas nacionales la posibilidad de concurrir en un mayor número posible. Pero ¿nadie pensó que ese número original de 50 deportistas no tiene nada que ver con la actualidad del atletismo nacional?

Argentina participó en el último Sudamericano disputado hace dos años en Lima con un equipo que estaba en plena preparación para el gran test del año (los Juegos Panamericanos) y, por consiguiente, casi en un pico de rendimiento. Apenas dos oros se consiguieron entonces. Una cosecha escasa que sirvió para ratificar lo que es una tendencia de los últimos años: el bajón es cada vez más pronunciado, Brasil y Colombia quedaron a años luz, Ecuador también está muy arriba y, de máxima, hoy la pelea continental es con Chile y Venezuela por el cuarto lugar.

Todo demasiado lejos de aquellos años dorados en los que Argentina era el dominador absoluto de los medalleros sudamericanos.

Por último, el atletismo es un deporte mensurable. Se sabe quién ganará y quién saldrá último y, también, cuáles son las diferencias entre los países. De todos los atletas que irán al Sudamericano sólo cuatro o cinco tienen el sueño de lograr el pasaporte olímpico para sumarse a los tres maratonistas ya clasificados: Joaquín Arbe, Eulalio Muñoz y Marcela Gómez. Quizás, en tiempos tan locos de una pandemia que todo lo atraviesa, lo ideal hubiera sido poner el foco en aquellos que sostienen esa ilusión concreta. Las promesas no alcanzan para mejorar una marca.

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Fuente: Clarin.com

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