El «Che» García, ese entrenador eléctrico que llevó a San Lorenzo a pegar el volantazo


¿Puede despedir a su entrenador un equipo que lleva cuatro Ligas Nacionales de básquetbol ganadas al hilo, que es bicampeón de América, que va tercero en el actual campeonato local, que está entre los ocho mejores del continente otra vez y que se encamina a jugar la Copa Intercontinental? La respuesta, aunque sorprenda, es sí. Ese equipo es San Lorenzo, que cesanteó a Facundo Müller y contrató nada menos que a Néstor «Che» García.

Desde lo numérico, la decisión puede resultar insólita. El equipo de Boedo marcha tercero en la Liga Nacional, a sólo un triunfo del líder, Gimnasia de Comodoro Rivadavia. Ganó ocho partidos y perdió tres, todos de forma apretada. Por un lado, ningún rival lo pasó por encima; por el otro, fuera de casa dejó de lucir «invencible», porque de visitante llegaron las tres caídas.

En la Champions League (la ex Liga de las Américas), San Lorenzo ganó invicto el Grupo A, con 4 éxitos en igual cantidad de presentaciones y su mejor versión de juego. Sumando la participación en el Súper 20, en el que aguarda por el Final Four que se jugará el 24 y 25 de este mes en Comodoro Rivadavia, ganó 20 partidos y perdió 5: 80% de efectividad.

¿Por qué un equipo con esos resultados echó a su técnico? La dirigencia azulgrana no estaba convencida de las formas que mostraba el Ciclón, aunque al final el mayor peso de su jerarquía solía inclinar la balanza en su favor. La defensa, virtud ineludible cuando se habla del actual tetracampeón de la Liga, no mostraba esa solvencia que siempre tuvo cuando apretaba los dientes en los partidos más complejos.

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Sorprende también porque el entrenador fue especialmente buscado por la dirigencia luego de hacer grandes temporadas al frente de Instituto, el equipo que más había entendido cómo jugarle a San Lorenzo.

De hecho, su arribo a Boedo, junto a Luciano González y Facundo Piñero -dos de las figuras del equipo cordobés, a las que más tarde también se sumaría el uruguayo Esteban Batista-, fue anunciado inmediatamente después de las finales entre ambos equipos. Los rumores, incluso, habían comenzado mientras aquella definición se disputaba.

Facundo Müller y Marcelo Tinelli, al comienzo de la temporada. El actual presidente del club, hombre fuerte del básquet por entonces, dijo alguna vez: "Me gusta cambiar en los buenos momentos, tocar algunas piezas hace que el proyecto continúe". Foto: @CaslaBasquet

Facundo Müller y Marcelo Tinelli, al comienzo de la temporada. El actual presidente del club, hombre fuerte del básquet por entonces, dijo alguna vez: «Me gusta cambiar en los buenos momentos, tocar algunas piezas hace que el proyecto continúe». Foto: @CaslaBasquet

A través de la cuenta de Twitter, el área de básquetbol de San Lorenzo comunicó la decisión. Müller se había enterado apenas un rato antes, previo al entrenamiento del plantel. Menos de un día después de la oficialización de la salida del entrerriano, llegó el anuncio del reemplazante. ¿Se trató de un acuerdo express o ya estaba conversado de antemano?

¿Pesará en el retorno de García a Argentina el sueño que siempre tuvo y al día de hoy es su única «deuda»? El Che anhela a la Selección, a la que dirigió en torneos menores en su etapa de asistente y tiene una gran relación con Fabián Borro, presidente de la Confederación Argentina de Básquetbol. A Sergio Hernández, actual DT, se le terminará el contrato tras los Juegos Olímpicos y es sabido que apoyaba al ex titular, Federico Susbielles.

Es la primera vez desde el regreso a la Liga Nacional que San Lorenzo, que colonizó la competencia desde esa primera temporada 2015/16, despide a su entrenador. Aunque el último cambio también tuvo ribetes sorpresivos: Gonzalo García no continuó tras ganar la Liga y ser campeón de América en la última temporada. Pese a que tenía intenciones de seguir luego de superar algunas dificultades físicas y anímicas, la dirigencia opinó lo contrario.

El nombre del nuevo entrenador impactó tanto como el contexto del despido del entrerriano Müller: Néstor García, uno de los DT argentinos más importantes del básquet contemporáneo. El Che viene de dirigir a República Dominicana en el Mundial de China​, a la que condujo por primera vez en la historia a meterse entre los 16 mejores del torneo.

Por lo pronto, García firmará (todavía Müller no se desvinculó) por los próximos seis meses, aunque la intención de la directiva es que luego continúe y se haga cargo del proyecto basquetbolístico, tal como en su momento lo hizo Julio Lamas.

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¿Habrá tenido que ver con este golpe de timón la inminente participación azulgrana en la Copa Intercontinental? Para San Lorenzo, luego de una incursión en 2019 que le dejó un sabor amargo (fue tercero tras caer sin atenuantes en semifinales contra el AEK Atenas de Grecia), la edición 2020 está entre ceja y ceja.

Del 7 al 9 de febrero, en España, se medirá con quien le depare el sorteo entre el anfitrión, Tenerife; Rio Grande Valley Vipers, campeón de la Liga de Desarrollo de la NBA; y Virtus Bologna, campeón de la Champions League europea.

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El Che, un entrenador histriónico

Néstor García le escapa a la etiqueta de “ganador”. Y eso que conoció el éxito desde muy joven. Tenía apenas 25 años cuando revolucionó la Liga Nacional desde el banco de Estudiantes de Bahía Blanca dirigiendo a jugadores más grandes que él, entre los que se encontraban Hernán «El Loco» Montenegro y Juan Espil.

Con el equipo de su ciudad no pudo darse el gusto (fue subcampeón, frustrado por el GEPU de Héctor Campana), pero se desquitó ya al mando de Peñarol en 1994.

Una postal clásica: el Che García celebrando. En este caso, un éxito de Peñarol de Mar del Plata. Foto: Archivo Clarín.

Una postal clásica: el Che García celebrando. En este caso, un éxito de Peñarol de Mar del Plata. Foto: Archivo Clarín.

Más acá en el tiempo, hizo historia con Venezuela y Guaros de Lara, equipo de ese país, pero siguió renegando de aquella calificación. “En lo que yo creo es en ser competitivo, que es no tener miedo a ganar ni a perder, estés donde estés”, asegura.

Creyó siempre, además, en sus ganas de volar. Por eso, antes siquiera de aquellos días de gloria en la competencia vernácula, se fue a Puerto Rico, donde trabajó como asistente de Julio Toro, reconocidísimo entrenador de ese país.

Postal curiosa: sin el pelo corto, con los rulos asomando en 1999, cuando dirigía a Boca.
Foto: Archivo Clarín.

Postal curiosa: sin el pelo corto, con los rulos asomando en 1999, cuando dirigía a Boca.
Foto: Archivo Clarín.

Por eso también comenzó a girar por el mundo después de otro buen paso por Argentina dirigiendo a Boca, con el que sumó otra final de la Liga.

Desde aquella primera incursión en Puerto Rico para dirigir a Cangrejos en 2000, se fueron sucediendo los países. Son, hasta hoy, nueve banderas distintas: además de la suya, claro, y de Venezuela y Puerto Rico, trabajó en Uruguay, Arabia Saudita, México, Brasil, España y República Dominicana.

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Prácticamente en cada lugar en el que estuvo dejó su huella. Por el juego de sus equipos y por haberlos conducido a lugares de privilegio, pero especialmente por su forma de ser.

Histriónico, obsesivo, eléctrico, es imposible para él vivir el basquetbol de una manera que no implique un compromiso total y una expresión absoluta. “Yo doy todo y el resultado después depende de muchas cosas. Vos tenés que irte tranquilo de que diste lo mejor”, manifiesta como precepto que busca contagiar.

El Che García celebra la victoria que logró con República Dominicana ante Alemania en el Mundial. 
Foto: DPA

El Che García celebra la victoria que logró con República Dominicana ante Alemania en el Mundial.
Foto: DPA

Explotar las virtudes de sus dirigidos es de una de sus mejores aptitudes. Eso lo condujo a ser campeón sudamericano (2014) y de un Torneo FIBA Américas (2015) con un seleccionado históricamente “menor” como Venezuela; o a meter en la Copa del Rey como cabeza de serie al humilde Fuenlabrada.

En las tierras venezolanas lo consideran poco menos que un ser superior a los mortales; en las españolas le dedicaron banderas fusionando su imagen con la del Che original: Ernesto Guevara​.

Ahora volverá a su suelo, en el que no dirige desde un corto e infructuoso paso por Quimsa, interrumpido en 2017 para irse a Fuenlabrada. Parece que lleva una vida dirigiendo (y en realidad es así), pero apenas tiene 54 años. En una Argentina que exportó tantos entrenadores y que se quedó sin los mejores, se trata, al cabo, del regreso de un hijo pródigo y muy especial.





Fuente: Clarin.com

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