Cuando el Che Guevara jugaba al rugby, su deporte favorito


Antes de ser El Che, Ernesto Guevara de la Serna fue muchas otras cosas. El pibe asmático que practicaba deportes sin inhibiciones, el joven que quería ser médico, el viajante empedernido. Y en ese recorrido, en ese aprendizaje, abrazó una de sus primeras pasiones: el rugby.

En el libro «Mi hijo, El Che» (publicado en La Habana , en 1988), su padre Ernesto Guevara Lynch lo retrata como un polifacético deportista, a pesar de las dificultades derivadas del asma. Y en esa descripción confirma sus preferencias: «Le encantaba el rugby, era su deporte favorito«.

Ernesto comenzó a jugar en el club Estudiantes, de la ciudad de Córdoba. Compartía aquellos días ovalados con su hermano Roberto y su íntimo amigo Alberto Granado. Era liviano, pero muy intenso para tacklear.

Francisco Ventura Farrando, un compañero de esa época, lo describió alguna vez: «Era un joven inteligente para jugar. Y tenía una forma muy particular y eficaz de tacklear».

Sus comienzos los retrató el mismo Granado en una entrevista al diario La Nación, de Chile, en 2005, en ocasión del éxito de la película Diarios de Motocicleta, que exhibe un tramo de la vida de Guevara antes de ser El Che.

“Ernesto -recordó- tenía 14 años. El quería jugar rugby, pero como sufría asma desde muy pequeño ningún entrenador lo quería aceptar. Jugar con asma era un riesgo grande. Entonces, mi hermano menor Tomás, compañero de estudio de él, me lo presentó sabiendo que yo creía mucho en el deporte como forma de mantener la salud. Lo trajo para ver si yo lo podía entrenar”.

Mundial de 2010, Nelson Mandela, Diego Maradona y el Che Guevara. Emblemas perpetuos. (AP)

Mundial de 2010, Nelson Mandela, Diego Maradona y el Che Guevara. Emblemas perpetuos. (AP)

De ese tiempo también se ganó un apodo: Fuser, un modo de abreviar y juntar «Furibundo» (por su manera de jugar) y «De la Serna» (por el apellido de su madre, Celia, quien siempre lo impulsó para que practicara deportes). Antes, le decían Pelao. Jugó al rugby durante nueve años. Primero en el equipo de Granado. Luego, en 1947, llegó al San Isidro Club, institución de la que su padre había sido uno de los fundadores. Más tarde jugó en el Yporá Rugby Club (1948) y en el Atalaya Polo Club (1949), donde era el único tres cuartos que usaba orejeras.

Diego Bonadeo, periodista, conocedor del mundo del rugby y testigo de aquellos días, le contó al diario Sur: «Cada quince o veinte minutos, tenía que salir afuera de la cancha, por ejemplo adonde estaba el juez de línea, y donde también estaba yo con el inhalador y entonces él se daba unas aspiraditas y podía seguir jugando». Eran tiempos del Yporá. Su padre, por la afección de Ernesto, no quería que jugara. Y por eso, le pidió al presidente del SIC (Martínez Castro, su cuñado) que lo sacara del equipo. El joven Guevara insistió. Como siempre.

Le fascinaba el rugby. Cuando el asma lo invitó a retirarse y la medicina lo llamaba para curar al prójimo, no se alejó de este deporte. Buscó otro camino: se hizo periodista especializado. En 1951, fundó la revista Tackle, una de las primeras publicaciones argentinas dedicada exclusivamente a este deporte. Duró hasta que la economía mató el emprendimiento y la ilusión de contar: fueron once números en los que Guevara firmaba con un seudónimo muy curioso, Chang Cho.

Tackle, la revista de rugby fundada por el Che. Descansa en su mudeo de Santa Clara.

Tackle, la revista de rugby fundada por el Che. Descansa en su mudeo de Santa Clara.

En el libro La Patria Deportista, de Ariel Scher, Pablo Pirán -rugbier, sobrino de Ernesto- señala sobre ese período: «Le gustaba tanto el rugby que no se podía alejar. El editaba la revista. Y también hacía algunos comentarios con seudónimo«. A esa altura, ya no le decían Fuser; Guevara era el Chancho, por lo bohemio y desprolijo. Lo tomaba con humor. El siguiente apodo estaba por venir y quedarse para siempre: El Che Guevara.

Mirá también

Mirá también



Fuente: Clarin.com

Compartir