Ali Daei, el iraní al que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo sueñan con alcanzar


Ali Daei no es conocido en Occidente. En cualquier sobremesa de futboleros, su nombre no suena. Una sombra. Ni un recuerdo. «¿Quién? ¿Estás jodiendo?», preguntan los incrédulos que saben hasta el talle de las zapatillas de Enzo Pérez o el color de los guantes de Esteban Andrada. Esa situación puede suceder incluso en los rincones donde el fútbol late a cada paso: Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, la Ciudad de México, Madrid, Manchester, Nápoles… Es muy difícil encontrar alguien fuera de Asia que conozca su nombre y mucho menos su leyenda.

También la escena puede suceder en cualquier redacción, incluso de Deportes:

-¿Quién es Alí Daei?

-Ni idea. ¿Quién es?

Ali Daei es el máximo goleador de la historia en partidos entre seleccionados de mayores. Suma 109 tantos con la camiseta de Irán. Lo persigue con 99 un fanático de los récords: Cristiano Ronaldo. Entre los jugadores activos, Lionel Messi se ubica tercero con 70, aunque es 15° en la general si se cuenta a los retirados, algunos de ellos fallecidos.

Alí Daei, en acción. Una celebridad del fútbol iraní.

Alí Daei, en acción. Una celebridad del fútbol iraní.

Hubo un día en el que jugando para su seleccionado no convirtió un gol. Pero ese partido jamás dejó de latir dentro suyo. Tampoco ese pase determinante para quedar en la historia de ese encuentro que sigue siendo el mayor orgullo del fútbol iraní.

Daei escuchaba con atención, concentrado. No quería que la ansiedad lo devorara. Sayed Jalal Talebi, el entrenador, se los explicó con claridad durante los días previos y también en el vestuario: esos noventa minutos iban a durar para siempre. La derrota podía tener el carácter de una condena perpetua. Pero una victoria los transformaría en celebridades de un territorio en el que el fútbol resulta también un espacio de expresión.

Los futbolistas de Irán se jugaban todo eso aquel 21 de junio de 1998, en el estadio Gerland, bajo el cielo de Lyon, en pleno Mundial de Francia. Enfrente estaba Estados Unidos, rival en el ámbito de la política internacional desde la Revolución Islámica de 1979. Ese encuentro estrictamente menor respecto del juego fue seguido como la máxima de las citas en casi todos los rincones del planeta.

La revista británica «FourFourTwo» lo calificó como «el partido con mayor carga política de la historia». Ante los ojos del mundo, la televisión mostró saludos cordiales, respeto y flores a modo de agasajo. Los protagonistas posaron juntos y mezclados para las fotos. Incluso en las tribunas unos y otros compartieron la tradicional ola que se había hecho popular a partir de México 1986. Ali Daei sabía de qué se trataba: era El Partido del Pueblo.

Por un instante Irán se sintió campeón del mundo. Más allá del suspenso al que obligó el gol de rebote de Brian McBride cuando faltaban tres minutos, fue una fiesta que se trasladó del oeste de Europa hasta las calles de Teherán, Mashhad, Isfahan o Karaj.

El 2-1 tuvo sus héroes: Hamid Estili metió un cabezazo, la pelota ingresó por encima del arquero Kasey Keller y lo festejó como queriendo abrazar al país entero. Desde entonces se transformó en emblema también afuera del campo de juego: Sayyed Alí Jamenei -Líder Supremo de Irán- le manifestó en público su agradecimiento. Y el hombre que usaba el «9» se expresó sin vueltas como seguidor y admirador del ex presidente Mahmoud Ahmadinejad.

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El segundo gol fue de uno de los futbolistas iraníes más destacados de todos los tiempos: Mehdi Mahdavikia. Cuando restaban siete minutos, en un contraataque supersónico, Ali Daei -con el «10» en la espalda- dio el pase precioso y preciso y su compañero corrió, ganó en velocidad por la izquierda y ante la salida del arquero definió con la punta de su botín derecho.

Daei tiene otro partido guardado para siempre. Lo contó en diversas entrevistas: «El 29 de noviembre de 1997 sigue siendo otra fecha destacada de mi carrera. Fue como un sueño. Teníamos que enfrentarnos a Australia en el Repechaje a dos partidos para entrar al Mundial de 1998».

¿Qué pasó? «En la ida, en Teherán, empatamos 1-1 y todo el mundo consideraba a Australia como la favorita para lograr la clasificación -relató-. Y parecía que no se equivocaban: en la vuelta, en Melbourne, nos hicieron dos goles. Pero remontamos: con dos tantos sobre el final empatamos 2-2. Y Volvimos a un Mundial después de 20 años. Todavía lo recuerdo como si lo estuviera viviendo». 

Ali fue el futbolista iraní que más alto voló. Sus goles y sus actuaciones decisivas lo trasladaron a la élite: tras jugar en las ligas de Irán y de Qatar, comenzó su recorrido por el fútbol de Alemania en el Arminia Bielefeld, en la campaña 97/98. Para ser un estreno, demostró estar a la altura de las circunstancias. Los medios ya le decían «El Maradona de Irán». No sólo eso: su popularidad en Asia lo llevó a ser embajador de UNICEF.

Terminada la temporada, a pedido de Franz Beckenbauer, lo contrató Bayern Munich, el gigante bávaro. Allí disputó la campaña 98/99. Jugó 32 partidos y marcó seis goles entre todas las competiciones. Fue campeón de la Bundesliga (de punta a punta) y de la Copa de la Liga. Llegó a la final de la Copa de Alemania (perdió por penales ante Werder Bremen) y a la gran cita, el encuentro decisivo de la Champions League.

Un partido muy recordado: ese en el que sobre la hora Manchester United convirtió dos goles, se impuso 2-1 y dejó sin nada al Bayern en el Camp Nou.

A la campaña siguiente jugó en el Hertha Berlín. Fueron tres temporadas: sus números no tuvieron brillo. Disputó 88 partidos y marcó 12 tantos. Luego regresó al mundo árabe para una temporada en Emiratos Árabes Unidos. Y sus últimos cuatro años en su país. Se retiró tras disputar sin éxito el Mundial de 2006.

Un niño en un contexto hostil

Ali Daei, en un partido contra Líbano, en 2000.
Foto AP

Ali Daei, en un partido contra Líbano, en 2000.
Foto AP

Nacido en Ardabil, territorio de influencia azerí, Daei vivió su niñez y su adolescencia en un contexto hostil. El fútbol estuvo atravesado por conflictos, como la vida de los iraníes. Luego de la Revolución del 79, entre 1980 y 1988 sucedió la guerra con Irak. Las consecuencias se estimaron en un millón de muertos, más de dos millones de heridos y unos cuatro millones de desplazados por el horror.

Por supuesto, no fue ajeno el seleccionado, el llamado Team Melli. Hasta esos dolores, el equipo nacional era una máquina de vencer: ganó consecutivamente y con puntaje ideal las tres Copas de Asia que se disputaron entre 1968 y 1976. Dos años después de esa racha inmejorable, en la Argentina, Irán debutó en una Copa del Mundo.

Su estreno fue con un 0-3 ante Holanda, en Mendoza. Cuatro días más tarde, un hito aconteció: en Córdoba, Irán marcó su primer gol (a través de Iraj Danayfar) y obtuvo su primer punto en ese 1-1 frente a Escocia. Luego de asomarse al mundo, el deporte más popular también vivió preso de la guerra.

Daei, que padeció todo eso en su etapa formativa, debutó en el seleccionado en 1993. Ya tenía 24 años y muchas cicatrices en el alma. En su primer año hizo 7 goles en 16 partidos. De todos modos, su mejor registro sucedió en 1996, cuando marcó 22 tantos en 18 encuentros. El fútbol de Irán, con sus goles, se encaminaba a la resurrección.

Así se forjó la llamada Generación del 98, comandada por Ali Daei, el jugador con más partidos en la historia del seleccionado, para llevar a Irán otra vez al gran escenario: la Copa del Mundo.

Al fin las mujeres en la cancha

En octubre de 2019, miles de mujeres iraníes alentaron a su Selección en el estadio.
Foto DPA

En octubre de 2019, miles de mujeres iraníes alentaron a su Selección en el estadio.
Foto DPA

El fútbol es una tradición en Irán. Lo muestra el film Offside, de Jafar Panahi. En el contexto de un partido de las Eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006, frente a Bahrein, Irán parece una celebración unánime alrededor del equipo que los representa. Pero con restricciones: dos jóvenes mujeres quieren entrar al estadio, donde no las dejan.

Se disfrazan de varones. En el recorrido, cuentan con el aval de varios hinchas que parecen poco interesados en respetar las líneas divisorias impuestas por cuestiones de género. La película, que ganó el Oso de Oro en Berlín en 2006, está inspirada en una historia real: la de la hija del director.

En octubre del año pasado, un milagro -un derecho ganado- sucedió: luego de cuatro décadas, Irán volvió a ver una hinchada con muchas mujeres en un estadio de fútbol. La presión de la sociedad («la más amable del mundo», de acuerdo con la descripción del periodista y narrador Fernando Duclós, creador del estupendo espacio de Twitter @periodistan_ ) a raíz de la inmolación de Sahar Jodayaru en setiembre de 2019 obligó al gobierno iraní a abrir las puertas del Estadio Azadi (“libertad” en persa) también al público femenino.

En Teherán, alrededor de 4.000 mujeres vieron in situ a su seleccionado golear a Camboya por 14-0. No jugó Ali Daei, claro, ya retirado en 2007. Pero cuentan que se puso contento con la novedad, como la gran mayoría de los iraníes.

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HS



Fuente: Clarin.com

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